LECTURA POLÍTICA

ADG y GG: más de lo mismo

ADG y GG: más de lo mismo
Periodismo
Agosto 25, 2015 22:06 hrs.
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Noé Mondragón Norato › guerrerohabla.com

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Son los herederos de Armando Chavarría Barrera. Los mismos que, en exacta sintonía con la tribu los chuchos de Nueva izquierda (NI), encarecen negociaciones y ponen en la mesa todo lo que se pueda a fin de obtener beneficios improrrogables del poder. Y en esa lógica, a los fundadores de la tribu Alternativa Democrática Guerrerense (ADG), no les queda otra salida más rentable que esa: sentarse a negociar con el gobernador electo del PRI, Héctor Astudillo Flores. Es decir, el llamado del diputado local por dos ocasiones ya, Carlos Reyes Torres, no va en el sentido de mostrar hacia el exterior una imagen de apertura y diálogo con sus adversarios políticos tricolores, sino de evidenciar la notoria pérdida de fuerza política por parte de las tribus. Su deplorable y triste orfandad. Lo idóneo hubiese sido que el propio Astudillo los llamara a dialogar para tender acuerdos previos. Pero contrario a ello, los dirigentes de esa nueva tribu perredista fueron los que se pusieron de a pechito. Así como lo hizo David Jiménez Rumbo, –el dueño de la tribu GG- cuando reconoció prematuramente al propio Astudillo como “mi gobernador electo”. Y con ello, tanto el GG como ADG enviaron por adelantado, una clara señal de sometimiento. Hay lecturas insoslayables al respecto.


ADG Y GG: LA MISMA GATA.- Lo que las tribus en el PRD no entienden ni quieren hacerlo, está sobreexpuesto: no puede ocurrir ni darse una refundación de ese partido, con los mismos cuadros políticos que lo han conducido progresivamente, a la debacle electoral. Y el recuento es apenas esquemático: 1.- Lo que abrió paso a la fundación de la tribu ADG no fue una ruptura con fuertes tufos democráticos –como en el caso de Cuauhtémoc Cárdenas, cuando abandonó al PRI en 1987 y fracturó de fondo a ese partido- sino una pugna doméstica. Es decir, los que se fueron del GG –en este caso el dirigente estatal del PRD, Celestino Cesáreo Guzmán y el diputado local electo, Carlos Reyes Torres-, no abonarán en nada a la democracia interna perredista ni a la externa partidista, en virtud de que ellos mismos han sido eternos beneficiarios políticos de las imposiciones antidemocráticas. Y todo lo que conlleva. Por eso, al asumir el falso discurso de que ahora si “le darán rumbo al PRD” –y con ello aceptaron tácitamente que su presencia en ese partido contribuyó al desastre electoral reciente-, suena a cantaleta roída y desgastada. Porque ya nadie se los cree. Para regresar a la senda de los triunfos electorales, ese partido necesita un rudo golpe de timón. Y que toda esa fruta podrida caiga. Pero ni Celestino, ni Carlos ni David, ni Beatriz ni Evodio, quieren eso. Su intención es seguir pegados a la rueda del poder perredista. Y así, el único camino que se advierte es bien visible: la continuación de la debacle hasta el fin. Hasta que la vaca quede seca y sin leche, como antesala de la muerte. Y si no, al tiempo. 2.- Después de la derrota electoral de la ex candidata a gobernadora por ese partido, Beatriz Mojica Morga, el acontecimiento más ruidoso ha sido precisamente, la gran alharaca con que se puso en marcha el funcionamiento de la tribu ADG. Y la respuesta del GG a ese evento, podría ser en ese mismo tono. Es decir, tratar de medir fuerzas políticas con esa tribu, cuyos miembros fueron hasta hace poco, peones obedientes y disciplinados de David Jiménez Rumbo. El fondo de todo este asunto, es que el PRD manda mensajes precisos en el sentido de que la unidad de sus tribus se torna cada vez menos posible. Y de que ninguna de ellas cuenta con un proyecto de Estado ni una oferta política y electoral convincente, que logren regresarlos en el corto, mediano y largo plazo, a las competencias electorales ganadoras. Porque desde hace ya bastante tiempo dejaron de representar los verdaderos postulados ideológicos de la izquierda. Las tribus, sus rupturas y fundaciones de otras son la misma gata, pero revolcada.


HOJEADAS DE PÁGINAS…Todas las mañanas, la rutina de los agentes de tránsito de Chilpancingo, es la misma: detener momentáneamente a los conductores de combis y urbans del transporte público, para cobrarles el consabido “moche” o cuota por dejarlos trabajar en paz. Y en eso, el tráfico vehicular se colapsa. Eso le pega con fuerza al subsecretario de Tránsito y Vialidad, Germán Martínez Álvarez. Y por supuesto, al edil Mario Moreno Arcos.


dragonato@hotmail.com

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