Agustín Martínez padre de los diyeís de Acapulco


Vida nocturna en Acapulco


Agustín Martínez padre de los diyeís de Acapulco
Biografías
Agosto 17, 2015 20:46 hrs.
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Por Óscar Basave Hernández/ Bajo Palabra.mx
Acapulco | 17 agosto, 2015
Fotos Javier Verdín

Don Agustín Martínez Hernández fue el primer Dj de la primera disco de Acapulco y América Latina, y por ello fue el fundador de lo que su hijo Alfredo, con los mismos apellidos, llama “la fiebre del oro californiano”, por la cantidad de discotecas que se abrieron en Acapulco. En ese entonces, no eran llamados diyeís, sino operadores de sonido o “al capone la música”.

Don Agustín murió hace apenas un mes. Pero fue testigo y partícipe del auge y la decadencia del Acapulco turístico, y con él se fue parte de la historia del Acapulco glamoroso, en el que había un 90 por ciento de visitantes extranjeros y un 10 por ciento de nacionales, por supuesto había muchos dólares.

El Tequila a Go Go y Agustín Martínez serían algo así como la primera piedra, pero no cualquier piedra de la construcción del naciente Acapulco turístico. Sino la auténtica “piedra de toque”, la que se utiliza para averiguar la ley del oro. Porque después, el concepto de la música grabada, en lugar de la música en vivo, se convertiría en una verdadera fiebre del oro californiano, como entre risas la define Alfredo Martínez en la entrevista con bajopalabra.mx. Recuerda que después del Tequila se abrieron muchas discotecas con música grabada, y todos con disc jockey´s formados por él y su padre.

En aquel entonces no eran discos, eran bares o restaurantes. El Tequila era un bar, el sucesor y competidor, Armando´s Le Club, abrió como restaurante, pero pronto cerró la cocina. El uso de la música grabada los llevó a llamarse discotecas. En aquel entonces no había barras libres, se tomaba de lo mejor y más caros vinos. En aquel entonces, no había playeras mojadas, se iba bien arregladitos y elegantes a las discos. En aquel entonces, no se llamaban antros, los antros eran lo peor…

La historia acapulqueña moderna, ubica a Agustín Martínez como el DJ fundador de las discos. Pero no estuvo solo, lo hizo acompañado de sus hijos a través de un negocio familiar de electrónica llamado MarHer. Cinco de sus 14 vástagos, once varones y tres mujeres; de tres familias diferentes, al fin que había dinero. Cinco se dedicaron a lo mismo, y solamente uno de ellos, Francisco Chivi Martínez, sigue siendo DJ en Ensenada.

Acapulco Guerrero 07 agosto 2015 Alfredo martinez Hernandez uno de os primeros precursores de la musica DJ en la epoca dorada en el puerto de Acapulco Guerrero. Foto: Javier Verdín
Alfredo Martínez Hernández, hijo Arturo Martínez, de los primeros DJ´s en Acapulco. Foto: Javier Verdín
-¿Cómo fue que don Agustín se convirtió en el primer diyeí de Acapulco y América Latina?–, se le pregunta a Alfredo Martínez Hernández.

-De inicio es un proyecto que no fue de nosotros. Fue un proyecto que trajo al puerto un músico de origen suizo de nombre Teddy Stauffer, nosotros colaboramos en la parte técnica, ya que teníamos un centro de servicio electrónico. Nosotros le dábamos servicio a La Perla (restaurante), a Las Brisas y a otros lugares. Cuando se abrió el Tequila, al que invitaron a colaborar con la música fue a Agustín Martínez Hernández, para estar al pendiente de los equipos, que era una gran responsabilidad, porque tenían que funcionar de ocho a diez horas continuas.

Agrega que el gusto por la música que tenía su padre, quien tocaba guitarra, le fue fácil acoplarse a las necesidades de la discoteque.

Indica que el éxito de ese negocio es que fue construida ex profeso, para funcionar para “escuchar y bailar, el sonido fuerte estaba en el centro de la pista, donde se requería sentir la música y poder desarrollar el ambiente propio para que fuera un éxito; pero fuera de la pista se podía platicar a gusto. Además, no se trataba sólo de poner en música en automático, e irse a bailar; había que hacer una tarea psicológica de ver al público, eso fue lo que me enseñó”.

Para Alfredo Martínez la integración de su padre Agustín Martínez como diyeí, fue prácticamente natural. Se acopló rápidamente por la relación con su negocio de electrónica MarHer (Martínez Hernández), donde construían amplificadores de sonido de alta fidelidad, y daban mantenimiento a los equipos de la época; así como su adaptación al gusto y actualización musical, porque familiares suyos que radicaban en Estados Unidos les traían los discos que estaban de moda.

Pero el mismo Teddy Stauffer, quien como músico conocía y estaba enterado de las modas y novedades musicales, traía música de todo el mundo. “Nosotros nos adaptamos porque estábamos ambientados con esa necesidad que requería el lugar. No nos era extraña para nosotros la música de Glenn Miller, de Frank Sinatra, de Henry Mancini, de Stan Getz; predominaba el swing, rock and roll; la música que se estaba bailando en el 64, 65. Después llega el martillito, el bule bule, el pata pata. Las grandes orquestas tenían mucho éxito porque estaban regresando gran cantidad de barcos norteamericanos y era el ambiente de los marinos y los turistas que llegaban a bailar, conocíamos bastante bien ese tipo de música, y poco a poco se fue incrementando hasta que llegaron el bossa nova, y la música europea”.

-¿Cómo inicia esta relación entre Agustín Martínez y Teddy Stauffer?

-“Cuando Teddy Stauffer necesitaba servicios de mantenimiento para sus equipos de sonido en La Perla, llamaba a mi papá y ahí comenzó está relación porque se hace su cliente”.

Alfredo Martínez explica que los equipos que instalaron en la primera disco “eran cien por ciento de importación, amplificadores ingleses, tornamesas y grabadoras americanas, todo era de importación”.

Agrega: “Nosotros éramos operadores de sonido cuando iniciamos; en la broma de los compañeros, incluso de los patrones, nos decían: háblenle Al Capone, alca pone la música, nosotros no teníamos un título como es ahora que ya hasta son masters, masters de masters de dj´s, no, nosotros nada más poníamos discos”.

-En aquellos años no había mezcladoras como las que se tienen actualmente, con sus audífonos para monitorear, con su control de velocidad, para adelantar, atrasar; en aquellos años teníamos equipos más primitivos, por ejemplo una tornamesa en fono 1, otra en fono 2; para poner un disco teníamos que bajar el volumen poco a poco e ir cambiando de fono 1 a fono 2, y casi en medio, de entre el 1 y el 2, se escuchaban los dos, cuando escuchaba que entraba el otro, ya le cambiamos totalmente, era una cosa de fracción de segundo; la gente no sentía en qué momento estaba la otra música encima.

Alfredo Martínez recuerda que en esa época el 90 por ciento de los turistas eran extranjeros y solamente un 10 eran nacionales. Había muchas estrellas de Hollywood a quienes Stauffer conocía e invitaba al Tequila, algunos que eran cantantes que luego de escuchar su música buscaban la cabina del diyeí, para saludar y agradecerle. “Algunos pensaban que era música viva, la idea era producir una música que no se distinguiera entre la música natural y grabada, con una ecualización primitiva, no como ahora de tantas bandas”.

Alfredo se emociona al revolver sus memorias de aquella época, dice que el primero en poner música grabada fue el Tequila, pero después vinieron otros lugares. Recuerda que había varias diferencias con la vida nocturna de ahora, no entraban menores de edad a divertirse y todos vestían muy bien. Ya sea que fueran a bailar o a platicar.

-“Yo me quedé dos años y medio en el Tequila, mi papá hasta que cambiaron de dueño; yo me independicé, y me fui a abrir el Armando´s Le Club, con Armando Sortres, que también era nuestro cliente. En El Armando´s iniciamos otra historia, en el Armando´s, la música era europea, española”.

¿El concepto de discoteca inició aquí o ya había en Estados Unidos y en Europa?

-En Europa y en Estados Unidos, en Nueva York, ya había pero en América Latina fue la primera disco, el Tequila y luego El Armando´s. Yo me dedique a iniciarlas y preparar personas que pusieran discos para poderme quedar con el servicio del mantenimiento.

Recuerda que junto con su padre se dedicaban a formar a sus amigos, a los más cercanos, para hacerse cargo de las tornamesas, para ampliar el negocio de mantenimiento de los aparatos. De tal manera que las discos que se abrieron en aquel entonces, la mayoría estaban a su cargo para el mantenimiento.

Fue así como las discos comenzaron a proliferar. Al Tequila, le siguió el Armando´s, El Bocaccio, El Tiberios, el Baby´O, Le Dome, “después fue una fiebre, una fiebre como la del oro en California, todos tenían un equipo de sonido, con una tornamesita salieron otras discos pequeñas, como El Sotano´s Bill, el Sunset, en el hotel el Hilton; todo mundo hizo discoteca, hasta en la rosticería Hornos, ahí donde está el asta bandera en el Parque Papagayo; el Bule Bule, el Whisky a Gogo,

Una fiebre por las discos que comenzó en 1965, y concluyó hasta 1985, más o menos.

Rememora: “Nosotros fuimos dejando el servicio en los últimos años, porque vino la decadencia económica en ese ambiente; incluso en los hoteles a los que prestaba servicio, desde el Hyatt, El Cano, el Acapulco Plaza, empezaron a tener menos ingresos, y fue menos interesante para nosotros dar un servicio, que no podían pagar. La clientela comenzó a bajar y el negocio ya no fue negocio. A nosotros no nos interesó irnos a Estados Unidos, porque ganamos más que en Estados Unidos, lo que se ganaba aquí era más. Pero al irse la clientela, al irse el turismo, que gastaba en diez, quince botellas, el boom de las discos comenzó a bajar”.

Alfredo data en 1985 la decadencia de las discotecas en Acapulco: “veinte años duró la fiebre, en el 85 empiezan meter otros conceptos como la barra libre, tequilas party, playeras mojadas, mis respetos para esos gerentes, pero querían hacer algo diferente, pero empezó a perder calidad”.

Para él, con las barras libres se comienza a perder calidad de lo que se ofrecía para el consumo de los visitantes. “Yo no soy de la idea que haya sido una buena medida las barras libres, porque usted está vendiendo un licor barato para ganar. Si meto licor barato, el que sabe beber, que toma Old Parr o Don Perignon, no va a beber un licor de baja calidad; se comenzó también a perder calidad en los equipos, muy potentes pero que no deja platicar fuera de la pista. Extremadamente ruidosos”.

“Ahora tú ves al dj enloquecido bailando, y el gerente gritando yea yea, pero la pista vacía. Yo los respeto porque están en sus tiempos, pero creo que sería fundamental regresar a la calidad del servicio, a disfrutar, y que al final regrese luego de pasar una noche inolvidable y que lo comente, que lo recomiende”.

Alfredo recuerda que su familia, encabezada por su papá Arturo Martínez, se “repartieron el pastel” desde el Hyatt, hasta el Majestic, en Caleta, tanto en el mantenimiento de sonido y formación de los djs, pasando también por la zona roja de Acapulco.

Añora el tiempo cuando en Acapulco se formó una escuela con quienes llegaron a fundar restaurantes, discos y hoteles, y formaron a otros. “Era prácticamente una escuela que hizo otra gran escuela, y cuando se observó que el negocio ya no iba a producir lo que estaba dando, la gente se fue a Cancún, a Baja California, a Guadalajara, al Distrito Federal, con mejores ofertas de trabajo, incluso ahora en Puebla hay más discos que en Acapulco, y están funcionando mejor allá, llenas todos los días.

Aquí nos pedían canciones en tarjetitas con el nombre, el nombre de quien la tocara o cantara, y adentro de las tarjetitas billetes de 20 a 100 dólares, incluso, al otro día todavía teníamos que recoger billetes”.

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Agustín Martínez padre de los diyeís de Acapulco

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