DiarioDeTaxco-Acapulco
RODOLFO VILLARREAL RÍOS
En ocasiones así sucede. Esta semana, al buscar documentación para otros fines, nos fueron surgiendo textos sobre eventos ocurridos a lo largo de la historia en el sector pesquero y acuícola mexicano. Por una docena de años hemos evitado tocar nada relacionado con este sector. Sin embargo, ante la frecuencia de la información aparecida, decidimos por vez primera en este lapso narrar algunas de las anécdotas que nos encontramos al respecto, vayamos a ellas.
Mientras releíamos “Ignacio Ramírez, El Nigromante: Memorias Prohibidas,” escrito, en 2009, por la pluma vigorosa de José Emilio Arellano Mendoza, nos topamos con un pasaje que ya habíamos mencionado previamente en este espacio, pero sin dar mayor detalles Cuenta la narrativa que, en 1853, Don Ignacio, uno de los personajes más significativos de la generación de LOS HOMBRES DE LA REFORMA, (Por favor, señor editor, mantenga las mayúsculas. Así, debemos de escribirlo cada vez que mencionemos a este grupo de patriotas), vivía en Sinaloa en donde el gobernador Placido Vega lo había designado secretario de gobierno. Sin embargo, por esas fechas, Santa Anna, el López del Siglo XIX, derrocó al gobierno federal en turno y emprendió la persecución de sus adversarios. Esto hizo que El Nigromante emigrara a Baja California. Allá, el liberal mexicano, acudimos al texto escrito por Arellano Mendoza, “fundó las primeras cooperativas pesqueras de pueblos cercanos al Golfo de California, estableció las primeras granjas de camarones cultivados en lagunas artificiales y descubrió la importancia de la corriente de agua para evitar que murieran los crustáceos. Creó las primeras granjas perlíferas de México en el Mar de Cortés…Asimismo, organizó escuelas elementales para los hijos de pescadores y les obsequio los libros que usó en sus cátedras del Instituto Científico y Literario de Toluca. Industrializó productos elaborados de madreperla y concha mediante cooperativas pesqueras…” Tras leer esto, ni duda cabe que el padre del cooperativismo pesquero y la actividad acuícola en México es Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada, El Nigromante. Sin embargo, dudamos mucho que alguien más vaya a reconocerlo. Aceptar que un “hereje” y Liberal de esta envergadura fue quien sentó las bases de esta actividad en nuestro país, podría incomodar algunas buenas conciencias. Y por esas mismas latitudes, encontramos otra anécdota suscitada años después cuando el estado mexicano moderno estaba en plena construcción.
El relato proviene de lo que aparece en un libro publicado, en 1982, bajo el nombre de “La Revolución, Cantinflas y Jolopo” cuyo autor fue Santiago Reachi Fayad, un antiguo revolucionario, hombre de negocios y creador de la fama e internacionalización de Mario Moreno Reyes, “Cantinflas. En la mitad de la narrativa, Reachi relata como a mediados de 1927, cuando él era gerente de la Cámara de Comercio de San Diego, California, se le presentó quien acababa de ser nombrado como Jefe de los Servicios de Pesca del gobierno
de México en dicha ciudad, el coronel José María Tapia Freyding. El motivo de la visita era ver cómo, en forma conjunta, podrían resolver los problemas que aquejaban a la actividad pesquera, los cuales, referimos lo escrito por Reachi, eran: “(1) que se pagaran las cuotas de permisos para explotar la pesca en aguas mexicanas, lo que se dificultaba porque México no contaba con barcos para ejercer vigilancia, teniendo que depender de la honestidad y ética de los participantes americanos que, a veces, no cubrían tales derechos. (2) Se citaran a los empacadores y pescadores americanos, radicados en San Diego, para iniciar pláticas constructivas al efecto. (3) Insistir en que todos los asuntos relativos a las actividades de pesca en aguas territoriales mexicanas se trataran con la oficina a de pesca a cargo del coronel Tapia y no por ‘trasmano’ ocurriendo en la ciudad de México para tratarlos con funcionarios, salvando el conducto de la oficina de pesca de San Diego.” En realidad, escribía Reachi, “es que había muchas irregularidades, desfalcos, cohechos y sobornos. Tapia quería terminar con ellos. Imponiendo el orden y haciendo cumplir los preceptos íntegramente. Tapia demostró ser hombre honesto, a carta cabal, cumplido y respetuoso de los derechos de cada participante…” Esto naturalmente causó escozor y “como los intereses pesqueros’ de las empacadoras americanas encontraron a Tapia inflexible en materia de cumplimiento de los reglamentos oficiales, estos, ni tardos, ni perezosos, recurrieron a sus ‘fuentes habituales’ de influencia política en la capital de la república, en donde siempre encontraron eco…” Pero como el coronel Tapia, quien más tarde sería gobernador interino de Baja California entre finales de 1929 y agosto de 1930, “jamás se prestó para plegarse a requerimientos fuera de la reglamentación oficial, fue asediado constantemente por interesados en su puesto,” hasta que, en agosto de 1928, “prefirió renunciar a su empleo que seguir soportando necedades de interesados ‘influyentes’ que dificultaban poner en orden los desmanes.…”Al repasar esto, no pudimos evitar el recuerdo de como a finales del Siglo XX, principios del XXI, en ese mismo sector, un grupo de servidores del Estado Mexicano actuaban, a nivel nacional, en forma similar que lo hiciera Tapia y vaya que causaban la incomodidad de varios. Pero no podríamos concluir estas anécdotas sin dejar de mencionar la otra cara de la moneda de cómo se comportaba otro funcionario pesquero del pretérito.
El 24 de febrero de 1960, El Diario de Colima, editado en dicha ciudad, publicaba un nota titulada: “Se Restringen Facultades al Director General de Pesca.” En ella, se mencionaba que “por orden superior de la Secretaria de Industria y Comercio, [encabezada entonces por Raúl Salinas Lozano] el Director de Pesca de esa Dependencia, Gonzalo N. Santos [Rivera era su apellido materno y “El Alazán Tostado,” su apodo], se tendrá que abstener de intervenir en todo lo relacionado con las funciones de la Empresa Pescados y Mariscos del Golfo y del Pacifico de la cual se valía para ejercer un estricto control en la distribución de pescado en la ciudad de México.” Antes de continuar, debemos de precisar que el ciudadano Santos ocupó dicho cargo entre 1956 y 1961, aun cuando lo suyo eran los asuntos ganaderos que desarrollaba con éxito en los ‘terrenitos’ de su propiedad “El Gargaleote,” ubicada en San Luís Potosí. Aun cuando cabe hacer notar que su involucramiento en asuntos relacionados con el agua le venía de tiempo atrás. Ello fue
evidente al momento en que al frente de un grupo de matarifes, Thompson en mano, rociaron no precisamente con liquido bendito a quienes resguardaban la casilla en donde iría a votar en las elecciones presidenciales de 1940, el “demócrata,” entonces presidente de México, Lázaro Cárdenas Del Río. Como aquello quedó de un color muy llamativo, el potosino pulcro mandó traer los bomberos para que con agua a presión limpiaran el sitio. Cuando arribó el mandatario de origen michoacano, sorprendido ante tanta higiene, felicitó a Santos Rivera por tenerle aquello como vulgarmente se dice “rechinando de limpio.” ¿Cómo iba a imaginarse los verdaderos motivos de tanto aseo, más allá de que su subordinado era un amante de la asepsia? Pero volvamos a 1960, cuando el responsable del sector pesquero en México quería controlar todo lo que ahí se moviera, pero otros no pensaban igual. Por ello, retomamos la nota de El Diario de Colima, se dictaron medidas para que “Gonzalo N. Santos, no tenga incumbencia alguna en la vigilancia de precios, ya que de ellos se encargaran los inspectores de la Dirección General de Precios; tampoco podrá restringir los permisos para el trasporte de pescado hacia la metrópoli, ya que estos serán concedidos, según Industria y Comercio, a toda persona que llene los requisitos sanitarios que se exigen.” Las disposiciones emitidas tenían su origen en las gestiones que realizó “el Banco del Pequeño Comercio, que financió a Pescados y Mariscos del Golfo y del Pacífico, no obstante que Gonzalo N. Santos, pretendía que solo con el aval de la Dirección de Pesca se concediera el crédito.” Y así, como las tres narradas, hay otras historias más del pasado, ya no tan reciente, del sector pesquero y acuícola mexicano mismas que no necesariamente las conocimos mediante la lectura.
Si a usted, lector amable, le sorprendió este recuento, ya somos dos. Lo relatado llegó a nosotros sin buscarlo, como lo mencionamos en el párrafo primero, coincidiendo con que doce años atrás un día como hoy, 19 de septiembre, concluimos con los servicios que por la docena previa habíamos prestado al Estado Mexicano en dicho sector. Un periodo en el cual, lo decimos orgullosamente, colaboramos con Carlos Camacho Gaos, Rubén Ocaña Soler y Jerónimo Ramos Sáenz Pardo para cambiar la imagen anquilosaba que caracterizaba al sector pesquero y acuícola mexicano. Durante esa etapa, se avanzó muchísimo para erradicar vicios viejos, ordenar su accionar y transformarlo en un agente económico dinámico y no uno esperanzado a la dádiva gubernamental. De lo que vino después, nada sabemos. Nos desentendimos de esa actividad para dedicamos a la historia, previa cobertura completa de los requisitos académicos demandados, en donde accidentalmente hemos encontrado información que desconocíamos cuando prestábamos nuestros servicios al Estado Mexicano en el área acuícola y pesquera. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1): El éxodo de refugiados es una forma encubierta de realizar la invasión islámica a Europa y nadie quiere percatarse de ello. A pesar de lo que clamen los políticamente correctos, han encontraron la fórmula para hacerla aparecer como un acto humanitario. Recordamos que hace más de tres décadas, en la Universidad de Colorado,
nuestros condiscípulos nativos de países del Medio Oriente expresaban a toda hora y a voz en cuello que sus ancestros habían dominado al mundo [conocido parcialmente, decíamos para nuestros adentros] en el pasado y que ellos recuperarían la supremacía. Nosotros, escuchábamos simplemente y nunca lo hemos olvidado. RVR
Añadido (2): La política, la función pública y la comunicación rebajadas al nivel de pulcata. Una, no abandona el personaje de “La Corcholata.” Otro, queriendo congraciarse con sus colaboradores, está orgulloso de llevarse de “güey” con ellos. Mientras que, en red nacional, un tercero les festeja sus “ocurrencias.” RVR