RODOLFO VILLARREAL RÍOS

Carranza complicó la sucesión por testarudo / II DE II

Carranza complicó la sucesión por testarudo / II DE II
Periodismo
Mayo 17, 2015 16:33 hrs.
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Acabaremos de relatarles cómo fue que, por testarudo, Don Venustiano complicó la sucesión.
Dado que el argumento para cuestionar la candidatura presidencial de Álvaro Obregón era su condición de militar, en octubre de 1919, solicitó al Congreso que no le confiriera el rango de máximo general dentro de las fuerzas armadas. Esto fue bien recibido en los Estados Unidos de América, en donde el diario San Antonio Light en el artículo “Obregon the civilian,” (Obregón el civil) enfatizaba que Obregón serí capaz de ejercer el liderazgo necesario para llevar a su gente hacia niveles de prosperidad que nunca podrían alcanzar bajo el militarismo. Estaban en lo correcto, él pondría los cimientos sobre los cuales el estadista Plutarco Elías Calles construiría el edificio institucional que albergó un sistema que trajo crecimiento y desarrollo a la nación, algo que hoy algunos clasemedieros, beneficiarios del mismo y cortos de memoria, tratar de negar. Pero retornemos al México de finales de 1919 y los albores de 1920.
Obregón seguía incrementando el número de sus partidarios y Carranza buscó arropar a su “gallo.” Durante los primeros días de noviembre, el denominado Gran Partido Democrático de Querétaro anunció su apoyo a Bonillas. Más tarde, lo haría un partido de reciente creación, el Partido Nacional Democrático el cual lanzaría dicha candidatura durante su convención efectuada el 23 de febrero de 1920. Pero no solamente el candidato oficial recibía apoyos, en diciembre, la Liga Democrática liderada por el antiguo secretario particular de Madero, Juan Sánchez Azcona, nominaba a Pablo González como su candidato presidencial. Al parecer, esto confirmaba lo que en octubre anterior publicara el diario La Prensa de San Antonio, Texas, afirmando que Carranza podría tener dos candidatos, Bonillas y González, para enfrentar a Obregón. Se aseguraba que González estaba de acuerdo en apoyar a Bonillas en caso de no ser el favorecido. Pero los astros parecían no alinearse del lado de Carranza, el Congreso aceptó la petición de Obregón. Aquello pintaba para rompimiento. Carranza había ordenado ejercer censura sobre toda la correspondencia y telegramas que tuvieran como destinatario al más brillante de sus generales. Inclusive, era voz popular que un atentado en contra de Obregón fue ordenado por el presidente. Sin embargo, hubo un último esfuerzo para evitar la confrontación.
A mediados de enero, desde Guanajuato, Obregón llamó a Carranza a la reconciliación. Enfatizaba que Bonillas era un hombre de honor quien no aceptaría ser impuesto como candidato. Precisaba que Carranza se deshonraría a sí mismo al imponer a Bonillas. Pero en caso de persistir en su afán enfrentaría la fuerza del ejército. Como respuesta, en un manifiesto publicado en el diario El Demócrata, el Partido Nacional Democrático lanzó la candidatura de Bonillas y apeló al patriotismo de Obregón y González, enfatizando su juventud y haciéndolos responsables de probables hechos terribles que pudieran darse en el proceso electoral. El argumento funcionó en 1916, pero cuatro años después no era creíble. El 14 de marzo, el órgano oficial del obregonismo, El Monitor Republicano publicó su plataforma política, similar a la aparecida en junio de 1919. Posteriormente, González rechazó la propuesta de Carranza para apoyar a Bonillas y rompió con su antiguo mentor. Mostrando su testarudez, Don Venustiano envió un mensaje a González indicándole que a pesar de cualquier oposición, Bonillas sería el próximo presidente de México. Ante ello, decidió que era momento de traer de Washington a su pupilo quien declaró sus deseos de ser candidato mientras estaba en camino de Washington hacia Laredo. Al cruzar la frontera, se lanzó en busca de apoyos los cuales recolecto entre el carrancismo. Cuando arribó a la ciudad de México, encontró a su mentor jugando en contra del reloj. Al romper con Obregón y González, el vínculo con la mayor parte de los miembros del ejército quedó hecho añicos y por consiguiente resquebrajados sus planes para imponer a Bonillas. La única opción para Carranza era romper la base de sustentación de Obregón en Sonora. La luz del tren rumbo a Tlaxcalantongo aparecía a la distancia.
En Sonora, tras renunciar a la secretaria de comercio, Elías Calles operaba, conjuntamente con el gobernador Adolfo De La Huerta Marcor, la candidatura de Obregón. Eso lo sabía Carranza y a finales de marzo, principios de abril, bajo el pretexto de mantener la paz, reavivó la disputa sobre la propiedad de las aguas del Río Sonora y mandó tropas federales encabezadas por el general Manuel Diéguez. Al respecto, en un reporte remitido al Departamento de Estado por el cónsul estadounidense en Nogales, Sonora, Francis J. Dyer, se hace constar que Elías Calles y De La Huerta, enviaron un telegrama a Carranza precisando que la entidad estaba en paz y consideraban el hecho como un intento de convertir la elección próxima en una farsa. Como sustento de dicha protesta estaban diversos telegramas interceptados por seguidores de Obregón, en los cuales Carranza ordenaba al general Francisco Murguía detener a Obregón. En otro, Carranza requería al antiguo presidente del Congreso y vicegobernador de Sonora Cesáreo Soriano presentarse en la ciudad de México para ungirlo como sustituto del gobernador De la Huerta. Con el regionalismo exacerbado, el diario, La Nación, editado en Nogales, Sonora, publicaba una proclama del Partido Liberal de Nogales enfatizando que eran momentos de vida o muerte para Sonora y la patria ya que Carranza trataba de imponer, a punta de bayonetas, a Bonillas para después convertir a México en un protectorado estadounidense y desaparecerlo como nación. Esto era ficción pura, Carranza era un testarudo, pero nunca un traidor.
Al enterarse, Carranza recomendó a De La Huerta no dejarse llevar por esas publicaciones, no existía propósito oculto detrás del envío de tropas y la única fuente de alarma era el propio gobierno sonorense. De la Huerta le exige a Carranza llevarse sus tropas, el coahuilense le responde que no iba a discutir las decisiones que tomaba en función de los poderes constitucionales que poseía y que de resistirse consideraría aquello una declaración de insurrección o la ruptura del Pacto Federal. Para Carranza, De La Huerta temía perder el control del estado durante el próximo proceso electoral. Al pleito, se agregó el Congreso sonorense al cual Carranza acusó de promover la secesión. Tomándole la palabra, los legisladores declararon rotas las relaciones con el gobierno federal. Cegado por la testarudez, Don Venustiano solicitó al gobierno estadounidense permiso para mover tropas a través de su territorio e ir a terminar con la rebelión, algo que le fue negado. El objetivo era Obregón y no Sonora.
Tras de escapar de una celada, Obregón permaneció desaparecido varios días. En ese ínterin, Elías Calles, De La Huerta y seguidores de Obregón, lanzaron, el 23 de Abril de 1920, el Plan de Agua Prieta. Acusaban a Carranza de actuar como líder de una facción y no como presidente, lo desconocían, rechazaban reconocer a las autoridades emanadas de las pasadas elecciones. De La Huerta era nombrado Jefe Supremo del Ejército Constitucional Liberal. Siete días más tarde, desde Chilpancingo, Guerrero, Obregón lanzó un manifiesto acusando a Carranza de lo mencionado líneas arriba, al tiempo que proclamaba ser simplemente un soldado a las órdenes del líder del movimiento, De La Huerta. Ante esto, Carranza reaccionó.
Trató de negociar con Pablo González quien rechazó acuerdo alguno. Ante ello, el 5 de mayo de 1920, Carranza lanzó su último manifiesto a la nación. Hacia un recuento de las razones por las cuales se rebeló en 1913, porque aceptó la candidatura presidencial en 1917, y como durante los últimos dos años trabajó para consolidar su gobierno y trasmitir el cargo mediante un proceso democrático a un civil. Como respuesta a dos militares que lo pretendían, espontáneamente (¡!) surgió la candidatura de Bonillas. Asimismo mencionaba que en algún momento, González estuvo de acuerdo en declinar si así lo hiciera Bonillas, para acto seguido tomar el control del ejército. Más tarde, González simplemente demandó que Bonillas declinara a la candidatura, algo que no le fue aceptado. Y en lo que pareció un lamento cercano a la derrota, Carranza mencionó que la mayor parte de los miembros del ejército lo habían abandonado al ser sobornados por Obregón y González. Y ya montado en la cresta de la testarudez, Don Venustiano aserto que no entregaría la presidencia a ningún otro que no fuera electo correctamente como candidato. De ahí al tren que lo llevaría a Tlaxclantongo en aquella madrugada lluviosa en donde, metido en una choza, no alcanzó a ver el amanecer del 21 pues las balas hicieron blanco solamente sobre su humanidad. Sus acompañantes tuvieron más suerte, unos huyeron y a otros los proyectiles decidieron respetarlos. De haberse dejado llevar por su testarudez, empecinado en dejar sucesor, Carranza Garza hubiera sido testigo de cómo sus polluelos trabajando sobre los planos por él diseñados, uno (De La Huerta Marcor) desbrozaba el terreno; otro (Obregón Salido) echaba los cimientos; y el tercero (Elías Calles) construía el edificio institucional que albergó el crecimiento y desarrollo económico del país en los años por venir. Están por cumplirse noventa y cinco años, pero la lección de la historia sigue vigente para todos aquellos que a cualquier nivel estiman que pueden imponer sucesor aun cuando el ungido no sea precisamente la mejor opción fuera de ámbitos controlados. vimarisch53@hotmail.com
Añadido. Ahora se venden como guardianes de la moral y la honestidad pública. Olvidan que sumieron al país en el caos, su falta de pericia para lograr acuerdos, las sinvergüenzadas de los miembros del primer círculo, las estelas de luz y un sin fin de corruptelas. A los de ahora, los sorprenden recibiendo de regalos de “seis kilos mensuales,” aceptando “moches,” mejorando sus estancias con cargo al erario, a otro sus paisanos no lo bajan de “braguetero,” y hasta el chico maravilla teme presentarse en su entidad por temor a que le recuerden su pasado. Aun así, dicen ser la opción ante otros rufianes de calaña similar. RVR

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