SERGIO ENRIQUE CASTRPO PEÑA
SERGIO ENRIQUE CASTRPO PEÑA
En la primera parte del tema sobre la “Democracia Subsidiada”, comentábamos acerca del surgimiento y como la partidocracia fue poco a poco arraigándose en nuestra cultura política, dejando para esta segunda parte del análisis, lo que constituye la estrategia, supuestamente, para lograr la máxima representación partidista, así como los efectos, positivos y negativos, que esta estrategia ha originado.
Bajo dicho esquema, se arguye que el objetivo es lograr la mayor representación de las diferentes corrientes políticas en las Cámaras, así como garantizar el derecho al registro y por consiguiente generar la posibilidad de acceder a los recursos fiscales destinados al fomento de la democracia. Todo ello resumido en la llamada “representación proporcional”, la cual consiste en obtener un determinado número de escaños, tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores, de acuerdo al número de votos que un partido obtuvo a nivel nacional o en cada una de la cinco circunscripciones en la que él país está dividido electoralmente.
Teóricamente, el sistema de representación proporcional, fue diseñado para dar la oportunidad a todas las corrientes políticas, que cumplieran con los requisitos mínimos para ser elegidos, tuvieran un escaño en las Cámaras, y un foro desde el cual promoverían sus plataformas y programas de su partido. El comportamiento y el rumbo que tomo esta estrategia dista mucho de los objetivos planteados inicialmente. En la práctica, aquello fue convirtiéndose en una fuente de poder y negociación para los dirigentes de los partidos tanto dentro como al exterior de los mismos, creando los fundamentos de la Partidocracia, así como sus sistemas de operación.
Aparte de ser un instrumento para el ejercicio de poder de las dirigencias, los escaños de representación proporcional, poco a poco se transformaron hasta llegar a ser un premio, con respecto a una designación para ser candidato a una elección directa. Asimismo, se convirtió en objeto de debate el lugar por asignarse al candidato potencial en las listas de candidatos plurinominales en cada una de las circunscripciones. De igual manera, se constituyó una nueva especie de político partidista, en donde éste realizaba un círculo de puestos integrados de la siguiente manera, no necesariamente en ese orden: Directivo de partido (tres años); diputado, federal o estatal (tres años); senador (seis años); y una vez termina este ciclo se podía iniciar de nuevo. La existencia de estas posibilidades, se podría pensar que contribuyó a una profesionalización de la política, pero la realidad nos muestra lo contrario.
Otro cambio electoral que entrara en vigor a partir de 2018, es la oportunidad de que los representantes del Poder Legislativo podrán reelegirse, de igual manera los presidentes municipales y los gobernadores. El objetivo, se apunta, es hacer que la opción de reelegirse sea una forma de premiar o castigar la actuación del político en el cargo desempeñado. Sin embargo, la mano de la partidocracia intervino para que la ley siguiera beneficiándolos y estando a sus órdenes, por lo que ésta, en el poder legislativo, mantuvo vigente la figura de representación proporcional.
Conservar la capacidad de reelegirse a los legislativos de representación popular invalida la argumentación de que la reelección, es una forma de rendición de cuentas por parte del legislador ante sus representados, porque al ser designados por la dirigencia partidista y por lo tanto, a ellos deberle su designación, difícilmente tendrá algún valor sus actuaciones ante el electorado y por lo tanto su evaluación, si es que existiera, tendrá un valor muy escaso o casi nulo en sus expectativas de reelección. No será ese el caso cuando la evaluación de su actuación sea determinada por los dirigentes partidistas, que al final fueron los que los eligieron.
Otro fenómeno que está generando la partidocracia, es la inmovilidad entre las estructuras burocráticas en los partidos, la cual más temprano que tarde derivara en una gerontocracia. Los partidos para llegar a ser partidos patrimoniales, requieren que su estructura o sus dirigentes permanezcan durante un lapso más largo del normal, lo cual lleva al encasillamiento y genera una serie de decisiones inapelables. En la actualidad, no es anormal que veamos a representantes, dirigentes o líderes en los partidos políticos mayores de sesenta años o más. Se podría argumentar, que al tener esa gente con esa edad, la sociedad obtendría una experiencia incalculable. No se puede discutir que con la edad viene la experiencia, pero con ella no se garantiza que necesariamente sea de utilidad, principalmente cuando nos enfrentamos a un mundo con cambios tan sorprendentes que en ocasiones nos es difícil seguir. Provocando, en algunos casos, que esa gerontocracia nos quiera llevar a estadios de desarrollo arcaicos o ya superados, apoyados en lemas que en él pasado tuvieron su vigencia. Un símil al respecto podría ser el caso de quienes arguyen que se deben de respetar los usos y costumbre de los pueblos indígenas, práctica que si bien fue positiva en épocas pretéritas bajo otras circunstancias, en los tiempos que corren resultan imprácticas y carentes de sustento.
Al respecto debemos de recordar que bajo dichas medidas estaban encubiertas una serie de medidas discriminatorias. Porque no es factible poner de lado el hecho de que en ese entorno, los derechos de las mujeres y los niños no eran tomados en cuenta y eso, a la luz de las circunstancias actuales, no solamente es intolerable, sino ilegal. Demandar a rajatabla que se preserven los usos y costumbres indígenas en su estado original no es contribuir a perpetuar una tradición cultural real, sino prolongar una situación que se lucha sea superada dado que no tiene nada que ver con el fomento a un entorno democrático. Podemos admirar las grandes maravillas que se construyeron en el pasado, como las pirámides de Egipto, de México o del Perú, de igual forma la Muralla China y los grandes palacios que representan la cima de sus culturas, pero de ninguna manera podemos aceptar la esclavitud y la explotación de otros seres humanos que se usaron en su construcción.
La idea de que los tiempos pasados fueron mejores, más justos, más saludables, que se vivió más tiempo, más seguros, es simplemente una vía para fugarnos de una realidad a la que no queremos enfrentarnos, a unos cambios que no queremos realizar, queremos ser los de antes, porque no podemos ser los de hoy, o no nos conviene serlo.
Se nos dice que debemos votar, que probablemente el sistema electoral no resuelva todos los problemas, pero si es la mejor vía para solucionarlos. Palabras del presidente del INE, que a simple vista suenan muy lógicas, cargadas de mucha verdad, convincentes. Sin embargo, en el corto periodo en que esta forma de democracia electoral ha existido, no ha mostrado ser la vía más eficiente para la solución de la problemática a la que la población se enfrenta día a día. Hoy, como en el pasado, los habitantes de los países dominantes tienen un mejor nivel de vida, comparado con los de los países dominados, pero dentro de los mismos, tienen que soportar una terrible desigualdad, con respecto a sus conciudadanos más favorecidos.
Podríamos en principio coincidir con las palabras del presidente del INE quien, como representante de nuestra partidocracia, nos quiere decir que los problemas entre los principales actores, en cuanto a la distribución de la riqueza y el poder, ya no se realiza de una manera abiertamente violenta, aunque esta siga existiendo de una manera solapada, y por ello es requerido nuestro voto, para sentir y hacer sentir, que estamos finalizando el proceso que nos permitirá llegar a convertirnos en una verdadera democracia. Sin embargo, antes de aceptar esto es necesario enfatizar que al ejercer el voto nos auto justificamos como actores del proceso de cambio, validamos un estado de cosas dado o encontramos una forma de escape a nuestras frustraciones, pero de ninguna manera al hacerlo obtenemos soluciones reales a los problemas que como sociedad vivimos porque a pesar de involucrarnos en ese proceso aun tendríamos que encontrar una respuesta a la pregunta, ¿Por qué tenemos que pagar por una democracia subsidiada? sergiocastro6@yahoo.com.mx