Juan López
eldiariodetaxco.com
Paris a la cual llegó Enrique Peña Nieto es la Ciudad Luz, la capital del país de la Libertad, Francia: el origen de los Derechos Humanos. Ahí el parlamento tuvo su consolidación. La División de Poderes en sus anales posee también sus registros. De Francia era el islote de ultramar en La Guyana, presidio al tipo de Islas Marías donde Henri Charriere autobiografía de Papillón, el reo incorregible, escapó por enésima ocasión, hasta que consiguió que en el Derecho Universal se aprobara la fuga como una posibilidad que tienen a su alcance todos los presos del mundo.
Esta novela fue escrita en 1969. En ella el protagonista -Papillón-, es condenado a trabajos forzados -hacer un hoyo en la tierra para volver a taparlo-, por un crimen que no cometió. La dramaturgia son todos los intentos por fugarse que realiza Papillón, hasta que después de varios fracasos logra definitivamente su fuga en 1941. Lo interesante del libro y de la película con Steve Mc Qeen y Dustin Hofman son las descripciones tan inhumanas de las condiciones que padecen los reclusos. La novela fue un éxito de librería hasta la masificación literaria, recorrido de caminos azarosos tan peligrosos como los presidios. Un cuento de terror las vivencias presidiarias.
Ambas obras pueden etiquetarse como de denuncia, ya que al tiempo que descubren las entrañas del sistema penitencia francés en sus colonias, muestran algunos aspectos crudos y tortuosos del trato a los prisioneros, de las torturas, además del esfuerzo que el espíritu humano -en este caso el propio Papillón-, hace como puede para adaptarse a un medio altamente hostil, que ofrece muy pocas alternativas a la vida, un ambiente aislado del mundo, en cárceles subhumanas, con celadores insensibles y crueles.
Pero más que nada es de destacarse la persistencia, una y otra vez de un presidiario por alcanzar su libertad, de defender el poco de dignidad humana que pueda conservarse en la cárcel, incluso exponiendo la vida a cambio de ella. Eso es la sobrevivencia: el ser y estar en un Guantánamo como reo talibán.
Todo esto, narrado como autobiografía por Henri de Charriere en Francia explicaría el éxito que novela y película tuvieron en el planeta. El dedo en la llaga de la república que se jacta de civilizada. Al fin Papillón fue dejado de perseguir. Obtuvo el salvoconducto de su libertad por los arrojos de sus escapes. La pregunta es dolosa: a tal grado son sus arriesgues que “Ha llegado el momento de dejar de perseguir al Chapo”. Si la libertad es sagrada como la vida, bien valdría pensar en que hacer con el incorregible Guzmán Loera.
A esa Francia, experimentada en casos como el que hoy presenta el Chapo Guzman y ayer representó Papillón, llega el Presidente de México Enrique Peña Nieto a continuar manteniendo sus relaciones diplomáticas, comerciales y culturales.
Francia, la demoledora tumultuaria de La Bastilla, patria de Louis Pasteur y Víctor Hugo, donde Jean Jacob Rousseau advirtió que los regímenes peligran cuando sus detractores, políticos o criminales, rufianes o plutócratas son más o iguales de fuertes que el Estado. Francia está a la altura de la circunstancia, por su historia pasaron Chapos, Cardenales Richelieus y Robespieres de toda laya.
PD: “Por la libertad Sancho, vale la pena dar la vida”: Don Quijote.