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Hablemos de población: la variable incomoda, cambio climático o de sustentabilidad

Hablemos de población: la variable incomoda, cambio climático o de sustentabilidad
Periodismo
Octubre 07, 2015 19:23 hrs.
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SERGIO ENRIQUE CASTRO PEÑA › guerrerohabla.com

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Entre los temas que se manejan a nivel internacional destaca el crecimiento que está teniendo la población y como contribuye ese incremento a los problemas actuales. En igual forma, se enfatiza acerca de las consecuencias que sus actividades tienen en las áreas productivas, sus patrones de consumo y el manejo de los desechos que estos generan. Todo ello, sintetizado en las repercusiones que tienen en la calidad del agua, el aire y la salud en general. Esto es, la contaminación que se produce, la incidencia en el cambio climático y de las expectativas de conservar y tener en el futuro, no tan lejano, una sustentabilidad. Sí bien esto forma parte de temas cuyo interés por discutirlos es relativamente muy reciente, su conocimiento, y la discusión teórica, sobre el comportamiento del crecimiento de la población y su impacto, tanto en la economía como en el medio ambiente, datan del siglo XIX.

En ese contexto, sobresale la disputa teórica entre dos de los mejores economistas exponentes de la llamada escuela clásica, Robert Malthus y David Ricardo, sobre la carrera que se suscita entre el impacto del crecimiento de la población y los avances de la tecnología para producir los alimentos, bienes y servicios para su subsistencia que dicho crecimiento demandaría.

Lo anterior, no quiere decir que se desconocía esta problemática. Esta disyuntiva la percibió el hombre desde los albores de su existencia en donde las necesidades de alimentación, como en todo ser vivo, eran indispensables para su supervivencia. Sin embargo, a medida que se escalaba en el proceso evolutivo, fue indispensable encontrar y desarrollar nuevas formas de enfrentar los requerimientos necesarios para su supervivencia: alimentación y seguridad.

Para lograr lo anterior, comenzaron a desarrollar formas de domar la naturaleza que los rodeaba, principalmente con el dominio y control del fuego. Aunado a esto, dio inicio el uso de herramientas primitivas, unas provenientes de la vegetación, palos y ramas, otras de origen mineral, piedras y pedernales. Al incrementarse la población fue evidente para ellos que ese incremento producía una presión sobre los recursos disponibles. Ante esto, la solución que encontraron fue la emigración la cual fue factible gracias al conocimiento técnico que poseían y el cual les facilitaba el llevar consigo alimentos y agua.

El siguiente salto tecnológico, que le permitió a la humanidad establecerse en un solo lugar, ser sedentario y disminuir su estrategia, de trasladarse de un lugar a otro, para encontrar los bienes de subsistencia, lo constituyó la agricultura. De esta manera, fue creándose un circulo constituido, por: crecimiento de la población-incremento de los necesidades de alimentación y bienes de subsistencia-nueva tecnología- mayor producción- más población, y así daba comienzo nuevamente ese ciclo.

La discusión teórica, sobre el aspecto poblacional, fue desarrollada por clérigo de profesión, Robert Malthus, quien en 1798 publicó su libro “Ensayo sobre el Principio de la Población”. En este, Malthus afrontó el fenómeno producido por el crecimiento poblacional y los problemas que estos podían ocasionar a los limitados recursos que existían. Sostenía, que de continuar el crecimiento de la población, se llegaría a un punto en que el sistema productivo no estaría en posibilidades de satisfacer la demanda de alimentos y otros bienes para su subsistencia. Cuando Malthus dio a conocer su teoría poblacional, el total de los habitantes era aproximadamente mil millones.

Si bien es cierto, la perspectiva que Malthus señalaba marcó una tendencia indiscutible durante el siglo XIX, no fue sino hasta la mitad del siglo XX, con los avances de la medicina para combatir las enfermedades infecciosas, cuando se empezó a ver un doble fenómeno. Por un lado, los países identificados como desarrollados, Europa y los Estados Unidos, fueron beneficiados por el desarrollo económico e industrial que les permitió ascender a estratos superiores, permitiéndoles disminuir sus tasas de mortalidad y morbilidad, alejando, por el momento, el problema de la sobrepoblación. Por otro, aquellos con menos crecimiento y desarrollo económico, al conservar las mismas tasas de natalidad y tener una disminución sustancial de las tasas de morbilidad y por ende, de mortalidad, se produjo un crecimiento sin precedentes de la población en esos países.

De igual manera, el avance de la medicina se reflejó en un incremento en la esperanza de vida de la población. A consecuencia de ello, en los países desarrollados, ese incremento en el lapso de cien años, fue de casi veinte años, mientras que en los identificados como países en desarrollo, la esperanza de vida se prolongó en treinta años. En función de esto, para 1990 llegaron a poco más de 5,000 millones y para 2015 es de 7,000 millones de habitantes. Con un incremento de 2,000 millones, cantidad similar al total que viven actualmente en extrema pobreza. Se espera que, en el 2050, ésta llegue a los nueve mil millones. Pero vayamos a la perspectiva del otro exponente de la escuela clásica.

David Ricardo era un individuo dedicado a las finanzas, la bolsa y la banca. En su libro “Principios de Economía Política y Tributaria”, Ricardo promovía la idea de que la capacidad creadora del hombre siempre proveería de soluciones tecnológicas para enfrentar los problemas que representara el crecimiento de la demanda, cualquiera que

ésta fuera. El soporte teórico de su aserción estaba sustentado en la Revolución Industrial. Los avances generados por ella, tanto en la ciencia como en la tecnología, repercutieron en la cantidad y calidad de trabajo necesario para producir una cantidad superior de bienes y por lo tanto, en la productividad de dicho trabajador. Todo esto, incidió en la mayor disponibilidad de alimentos y bienes de subsistencia, con lo que se podría atender al número creciente de población. Por esto, se concluyó que la respuesta a la sobrepoblación, era el avance tecnológico.

La disputa teórica-práctica que se suscitó con Malthus y David Ricardo ha tenido alternancias, en cuanto cuál de las dos proyecciones es la que prevalece y, esto no puede ser de otra manera, dado que implica el comportamiento que tenemos y de cómo, estas creencias, tanto religiosas como políticas, tienen un lugar preponderante en ese comportamiento. Sin embargo, ante los problemas derivados de la sobrepoblación, necesidad de producir alimentos y bienes suficientes, la corriente iniciada por David Ricardo, sustentada en la ciencia y la tecnología, ha ganado adeptos ante la presencia de la pobreza extrema y la hambruna. Con ello, se envía un mensaje de que la solución existe, pero requiere de más tiempo para hacerse realidad. Con esto, se pospone y traslada la responsabilidad al futuro. Pero antes de concluir, demos un breve repaso al comportamiento población en nuestro país.

Al finalizar la Revolución Mexicana, se estima que la población en México era de aproximadamente veinte millones. Tuvieron que pasar casi treinta años para llegar a los 28 millones en 1950, un incremento de ocho millones. Sin embargo, en los siguientes veinte años y debido a los avances en materia sanitaria, salud, educación y alimentaria la población alcanzo los 53 millones, duplicando su población. Ese boom poblacional, fue tal, que afecto de manera dramática y significativa en la estructura de servicios de salud y educativas, o digamos en la capacidad de creación de empleos. La inercia, antes descrita, fue de tal magnitud, que después de 65 años, 1950-2015, la población se multiplicó en 4.5 veces. Actualmente, México cuenta con un poco más de 125 millones de habitantes, sin considerar la población que vive en el exterior, principalmente en los Estados Unidos de América, estimada en once millones con un crecimiento anual promedio de 1.2 porciento

Otra variable que es importante señalar la representa la composición de la población que vive en zonas rurales con respecto a las urbanas. En 1950, la población en México que vivía en el campo era del 57.3 por ciento, mientras que el 42. 7 por ciento restante era urbana, en la actualidad esa composición ha sufrido un cambio drástico, de tal manera, que en las zonas rurales, actualmente, viven únicamente el 21.5 por ciento y en las ciudades el 78.5 por ciento. Esta composición incide directamente en la utilización de los

recursos no renovables, principalmente los de origen fósiles y en la disponibilidad de agua dulce para consumo humano.

Lo anterior, muestra como esta tendencia del crecimiento poblacional es una señal inequívoca de la existencia de problemas graves Sin embargo, las autoridades civiles y eclesiásticas han preferido posponer las soluciones o el inicio de ellas dado su carácter delicado para el quehacer político y, por lo tanto, pueden ser diferidos. La temática de la población, que una vez fue considerada en nuestro tiempo como una de las principales preocupaciones ha desaparecido o, por lo menos, ha sido relegada en espera de algún acontecimiento que nos orille a pensar en su importancia pasada, presente y futura. Pareciera ser que el objetivo es que se deje de ver como una “variable incómoda”, principalmente a las “buenas conciencias” y que se atienda, no solamente desde el aspecto de crecimiento o su composición piramidal, sino, lo cual es más relevante, en su incidencia en el medio ambiente, el cambio climático y la posibilidad de tener un desarrollo sustentable.

Como podemos observar, el crecimiento de la población mundial, y de México en particular, no pudo haber tenido ese incremento sin un impacto considerable sobre el medio ambiente, la disponibilidad de los recursos necesarios para su supervivencia y en las posibilidades de tener, en un futuro, un desarrollo sustentable. Esto es, acorde a los recursos disponibles y conservándolos para ser utilizados por las generaciones futuras. De igual manera, se puede ver, que la extensión del tema requiere, con su amabilidad, estimado lector, ser tratado en una entrega posterior en la cual abordaremos la temática de la población en nuestro país y el impacto sobre las posibilidades de tener un desarrollo con sustentabilidad. sergiocastro6@yahoo.com.mx

Añadido (1): CIDH: ¿órdenes o recomendaciones? ¿Visitadores o ministerios públicos internacionales?

Añadido (2): Cuando servíamos al Estado Mexicano en el área educativa, acudimos como miembros de una misión para tratar lo referente a un crédito que potencialmente otorgaría el Banco Mundial. Al no ver en las mesas de negociaciones ningún mexicano, preguntamos: ¿No trabajan mexicanos en el Banco Mundial? La respuesta fue, sí, muchos. Pero, la política del banco es que, para evitar “conflictos de intereses”, se excluyan de la negociaciones o supervisiones a funcionarios del país involucrado. ¿Por qué esta medida, tan sana, no opera en otros organismos internacionales? En esto, como en todo, Sr. Álvarez Ícaza, hay que tener pudor profesional, ética personal e imparcialidad a toda prueba y no pasearse por el país como el “Gran Inquisidor”.

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