Sergio Enrique Castro Peña

Hablemos de candidatos, propuestas o de mercado político

Hablemos de candidatos, propuestas o de mercado político
Periodismo
Noviembre 04, 2015 22:24 hrs.
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En la actualidad, es común escuchar, entre los estudiosos y politólogos el término de “mercado político”, en referencia al campo donde se desarrollan y contienden los partidos políticos en su objetivo de lograr el mayor número de votos entre un monto dado de electores y con ello acceder al poder. El término no es del agrado de muchos puristas de las ciencias sociales, pero que al no contar con una terminología que se adecue o sea lo suficientemente precisa para ser utilizada en los análisis políticos, se termina por aceptarlo.
El concepto de mercado lleva implícito diversos conceptos. Primero, se define una actividad en donde confluyen dos actores principales: uno integrado por la masa de consumidores quienes buscan, requieren o demandan un bien o servicio y otro compuesto por quienes están en posibilidades de ofrecer o satisfacer el bien o servicio requerido. Segundo, el demandante, expone las intenciones de adquirir diferentes cantidades de los bienes o servicios en función del precio al que se le ofrezca, a mayor precio será menor la cantidad deseada y a un menor precio se querrá adquirir una mayor cantidad de dichos bienes. Tercero, una vez, que tanto quien requiere como el que ofrece llegan a un acuerdo sobre la naturaleza, la cantidad y el precio de los bienes o servicios se realiza la operación final, y, por último, los actores que constituyen la parte ofertante, en nuestro caso los políticos y sus partidos luchan por la obtención de la mayor parte de los electores, porque del número que dispongan de ellos, dependerá el nivel de distribución del poder entre las fuerzas políticas y por ende, de las económicas.
Una de la razones, o, quizás la más significativa, para que se acepte a regañadientes el concepto del mercado, es su componente monetario, pero si bien, es importante en la toma de decisiones de un consumidor y de un productor, también juegan un rol preponderante aspectos psicológicos como son estatus, imitación, identificación, convencimiento, tradición, expectativas, etc. Factores, todos ellos que deben ser tomados con toda la seriedad posible por los políticos que actualmente aspiran acceder al poder.
En un estado democrático, la relación o los acuerdos entre los integrantes del mercado político son de carácter bilateral, dado que está regido por la prestación o el otorgamiento de su voto por parte de los electores y, de una contraprestación, un pago, en forma de bienestar social, seguridad económica y personal, etc., por parte del o los políticos elegidos. Sn embargo, como señalamos en nuestro artículo de la semana anterior, los electores son desplazados de ese acuerdo bilateral y por lo tanto de su rol y derecho de ser censores para ser sustituidos por un sistema corporativo.
El mercado político, como todo en la vida ha evolucionado. Ello se refleja en constitución; los candidatos con sus propuestas, contenidos y medios de difusión. De igual forma, los electores, partidos o movimientos políticos, sin, necesariamente, estén conscientes de ese mercado, sus reglas del juego (infraestructura de operación política), cambios de las preferencias o de las escalas de valor de sus necesidades, reaccionan muy lentamente. Tomemos el caso de la selección de los candidatos. Las características mismas de lo que el elector buscan son diferentes a las aceptadas un tiempo atrás, en donde los apoyos directos del poder central era el aspecto más relevante, poco importaba si era carismático o no, lo que se buscaba era el apoyo de “arriba”. En la actualidad, comienza a modificarse el perfil que debe tener un candidato es sus aspiraciones de contender a un puesto de elección. Ahora, predomina el carisma, la imagen, donde nos lo presentan más como nos gustaría vernos que como en realidad es el candidato, es lo que podría llamarse una imagen de espejo. Con una agresividad, sin ser violento, prometiendo con ello seguridad, sin manifestar de que. Resolución de los problemas instantáneamente, somos una sociedad producto de la inmediatez y a un costo mínimo o inexistente, con un grado de eficiencia y eficacia fuera de lo común. Y, ante todo, con un blindaje anticorrupción ante cualquier cañonazo monetario, en pocas palabras un “ave fénix” o, para conciencias más delicadas, un santo.
Dentro del esquema de mercado político actual, son los expertos en manejo de imagen, de mercadeo y de sondeos sobre las preferencias del humor de la sociedad, quienes les señalan a los dirigentes de los partidos políticos, a cuales internamente tienen que alinear sus estrategias, tanto en la selección de sus bases administrativas partidistas, las operativas como la de los candidatos a una elección. La infraestructura partidista, no es una figura caduca o que se pueda desechar sin consecuencias. Los cantos de las sirenas de los “independientes”, como lo apuntábamos en la colaboración anterior, constituyen una excepción, no la regla. Los partidos políticos, no son solamente una parte del engranaje político-electoral, son una necesidad, sin ellos, un sistema electoral no tendría sentido, incluido los “independientes”.
Otro de los puntos que es conveniente considerar son los contenidos de las propuestas, los mensajes, las promesas y los medios utilizados para su difusión. Para nadie es extraño reconocer que la estrategia de ataque para dañar la imagen de los contrincantes es altamente eficaz para la obtener de la atención de la población. Difundir malas noticias reditúa más que los mensajes positivos, estamos diseñados para prestar más atención a todo lo que representa un peligro o una modificación de nuestra cotidianidad. Esos mensajes viajan o se difunden más rápidamente o como dice un dicho en el campo de las comunicaciones “good news, no news”, buenas noticias, no son noticia. De igual forma, un medio muy eficaz y altamente socorrido, para minar la credibilidad, la confianza o la imagen de un personaje, lo constituyen los rumores, “esas verdades a medias” o “mentiras a medias”, principalmente porque los rumores, aparte de su eficacia, se difunden rápidamente y el costo para el que lo utiliza es casi nulo. Las redes sociales electrónicas, son un excelente ejemplo de cómo la técnica de “boca a boca” puede ser mucho más efectiva.
Pero, si bien es cierto que las redes sociales electrónicas o cibernéticas tienen un alto grado de comunicación, en su contra está el limitado espacio o espectro sobre el número real de receptores. Primero, por el tipo de usuario altamente asiduo, menores y jóvenes y mayores de edad, más interesados en el intercambio de sus asuntos cotidianos que les son afines que en una participación activa en la difusión de propaganda o imágenes políticas -los resultados electorales muestran que la abstención, de la población joven y en nuestro país mayoritaria, es muy alta. Además, a pesar de que las redes sociales electrónicas son importantes como forma de difusión, no existen estudios o análisis, en nuestro país, ni en los lugares donde triunfaron los candidatos “independientes”, que muestren su peso en las decisiones. Es más una manera de explicar algo inexplicable, no porque carece de una causa, sino más bien de un desconocimiento o interés de conocer esa causa, máximo si ese conocimiento no apoyaría ese supuesto. Es mejor manejar la credulidad, tiene un mayor grado de ilusión, complejidad, de ficción, de mito, que la simple, prosaica, verdad.
Sin embargo, la inclusión de los sistemas cibernéticos o informáticos en los procesos electorales, tienen como objetivo, además de la rapidez con que se envían y reciben los mensajes, incrementar las veces que pueden hacer llegar ese mensaje al receptor final, el futuro elector. Lo anterior, pretende tener un impacto mayor dado a su contenido de elementos sustantivos de imágenes del pasado, que permanecieron escondidas en nuestro subconsciente y que al verlas de nuevo simplemente las relacionamos. Un ejemplo significativo, lo constituye la visita del Papa Juan Pablo II a los Estados Unidos, en particular a New York, en donde la Iglesia Católica Apostólica Y Romana, solicitó al gobierno se retirara de las carteleras la película El Padrino III. Para el gobierno norteamericano tal petición, aparte de extraña era en contra de sus ideales de libertad de expresión, por lo que cortésmente decidieron ignorarla. La razón subyacente, es que, aunque veladamente, había do escenas que provocaban inquietud entre la curia. En una, se mostraba en una la muerte de un alto prelado encargado de las finanzas del Vaticano y en la otra, el deceso poco claro del Papa a pocos días de asumir el cargo, con lo que facilito ascenso de otro más afín a intereses poco claros.
Los expertos en mercadotecnia política saben, y los políticos deberían saber también, que las propuestas, como los productos o servicios en un mercado, son únicamente un ofrecimiento de lo podrían hacer por sus votantes, si son elegidos. El objetivo primordial de los políticos es la obtención de la mayoría de votos, por lo que, en una buena estrategia mercadotécnica, lo que buscan, es ver como llaman más la atención, no convencer. Así, como con cualquier servicio o producto, un candidato al escuchar de él o verlo debe atraer nuestra curiosidad, nuestro interés, solamente al conocerlo realmente nos convence o nos desilusiona.
En una democracia real, no en las sombras, primero, actuamos en nuestra calidad de elector al seleccionar al candidato y otorgarle el voto, posteriormente, nos convertimos en supervisores y censores de la actuación y comportamiento de los gobernantes y legisladores elegidos. La tarea que nos obliga hacer, las responsabilidades implícitas que la democracia conlleva, es la de informarnos y, así, poder estar en condiciones de dilucidar lo que es real y diferenciarlo de las estrategias maniqueas. En donde, utilizando la sabiduría popular, no nos “den gato, por liebre”. Difícil, pero hay que intentarlo. sergio castro6@yahoo.com


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