DiarioDeTaxco-Acapulco
SERGIO ENRIQUE CASTRO PEÑA
Nada nos impacta más que hablar de la pobreza. En días pasados, se publico en la prensa nacional, que él número de pobres había crecido en México en 2´000,000. Una cantidad que conmovió al mundo político, periodístico y a la sociedad en general. No se podía “ignorar” tal cantidad que engrosaba las filas de los pobres. Porque no solo representaba una catástrofe social, lo que también constituía un punto medular, para los medos de comunicación y el gremio, de los mal llamados políticos y sus partidos. Tal situación, era la clave del fracaso rotundo de las estrategias seguidas por el gobierno en turno.
Dicho impacto, su relevancia y esa preocupación tan acervada, sufrió la misma suerte de todas las noticias, desapareció entre la bruma del caudal de la infinidad de información que nos llega. Siendo opacada por la muerte de un león en África, en manos de un millonario, y no es que no sea relevante la conservación de esa fauna en vías de extinción. El tema de los pobres en México y en todo el Mundo, no pasa de los informes técnicos y de la búsqueda de notoriedad y, por lo tanto, de presupuesto, de los institutos académicos, gubernamentales o “independientes”.
El tema de la pobreza, ha ocupado un lugar central, principalmente desde el nacimiento de la era cristiana hace 2,000. Primero con las bienaventuranzas, por el simple hecho de ser pobre, y segundo, al reproducirse esa idea como dogma de fe y como sentencia apocalíptica de que “siempre los tendréis entre vosotros”. Esto es, siempre existirán.
En los días, cuando se publico el estudio que contenía la cifra (dos millones) del incremento de pobres en los últimos dos años, la reacción del sector empresarial, como era de esperarse, fue; que la erradicación de la pobreza en México se lograría en doscientos años”. Desconozco si esta declaración, solo tenía como objetivo justificar la arcaica incapacidad del sector privado para crear las fuentes de trabajo que la población requiere.
Pero independientemente de la imposibilidad o la ineptitud de los gobiernos y el sector privado para erradicar la pobreza, desearía enfocar nuestra atención en la posibilidad de disminuir su crecimiento o por lo menos contenerlo. Centrándonos, amable lector, en los elementos que conforman el desarrollo social integral y como éstos inciden directamente en hacer factible una política para el “Combate contra el Hambre” y lograr, así, una disminución o contener el número de la población que se encuentra en ese rubro.
Entre los primeros elementos, es conveniente considerar el crecimiento de la población, no solo el valor cuantitativo, sino también el porcentual, de toda la población y primordialmente del estrato en cuestión, la conformada como pobre. Como se menciono anteriormente, de 2012 a 2014, el número de pobres aumento en 2´000,000, un 3.7%, mientras que la población total creció un 1.9%, lo cual nos muestra que el crecimiento de la población en situación de pobreza, con respecto a la total, fue superior en un 1.8%. De igual manera, tenemos que el porcentaje total de pobres paso de 45.5% en 2012 a 46.3% en 2014.
Por otra parte, el Producto Interno Bruto (PIB), creció entre 2012-2014 un 5.4% con lo que se obtiene un desarrollo real para ser distribuido, del 1.7%. Insuficiente, a todas luces, dado el esquema injusto de la distribución del ingreso en nuestro país, a la población pobre le correspondería un raquítico 0.2%. Por lo que, pretender tener una disminución significativa de la pobreza en el mediano o largo plazo es improbable y en un corto plazo imposible. Todo esto, sin considerar que el 8.5% de la población, (los ricos, los muy ricos y los súper ricos), es dueña del 30% de la riqueza del país.
Pretender, que la estrategia actualmente seguida por el gobierno es la correcta y que las restricciones a utilizar el déficit fiscal para contar con mayores recursos destinados a incentivar el consumo interno, por su impacto en la inflación, es patética. Esta suposición, solo incluye al comportamiento del gasto, la demanda, sin considerar la composición de la oferta, la producción de bienes y servicios, que en el caso de México es cuasi-monopólica o con una tenue presencia de un mercado libre.
Un factor que vale la pena considerar, es lo concerniente a la distribución del gasto público. En mí artículo “Hablemos de Política Económica o Como Perder una Elección/I de II, señalaba, que una de las estrategias del gobierno para incidir en el crecimiento de un sector dado, era la utilización del gasto público. Por lo tanto, si observamos que en lo que va la actual administración, se ha reducido constantemente los recursos destinados al sector Agropecuario. Sector, que tiene una incidencia directa en dos aspectos fundamentales: la seguridad alimentaria y ser un contenedor a la emigración, que se da, del campo a las ciudades.
En el primer trienio, los recursos financieros en el presupuesto asignado a dicho sector, sufrió un 7% de reducción, amén de que cuando Hacienda, en su afán de lograr reducir el déficit financiero recogía dichos recursos, o no los daba o los recortaba, priorizando las entidades encargadas de fomentar la producción agropecuaria. Como forma de justificar estas políticas, el gobierno argüía que los recursos destinados a las poblaciones más vulnerables, se incrementaban constantemente. Política de “dádivas”, de “ayudas”, de dar de comer, no de enseñar, de fomentar sus habilidades, solo para mostrar crecimiento, no desarrollo, ningún progreso.
Este aspecto, es de vital importancia, al explicar que el incremento de dos millones de pobres, en los dos primeros dos años de la administración actual, 300,000, se identifican en el campo, mientras que los 1.7 millones restantes, en las áreas urbanas. Sin embargo, lo corto del período y la alta emigración del campo a las ciudades, la cifra más representativa sería considerar que del aumento de 1.7 millones en las ciudades, aproximadamente doscientas mil provienen de las zonas rurales.
Otra suposición, que tampoco tiene mucho sustento, es lo concerniente al porcentaje del déficit fiscal con respecto al PIB y su incidencia negativa en los inversores extranjeros. Los principales voceros de las cúpulas empresariales, (los ricos, los muy ricos y los súper ricos) no dejan de pregonar que una condición indispensable para tener inversiones provenientes tanto del exterior, como internas, es necesario contar con un gobierno chico y con una mínima participación en la economía. El déficit fiscal en nuestro país representa el 47% del PIB, poco menos al que tienen los países de la zona euro, salvo Italia, Irlanda, Gran Bretaña y España con un déficit superior en dos veces a su producción total en un año. Por su parte Japón cuenta con un déficit a más de tres veces su PIB, todos ellos superiores al de nuestro país, que es menor a la mitad de su PIB.
Retomando lo dicho por el presidente del Consejo Coordinador Empresarial sobre que México necesita doscientos años para erradicar la pobreza, nos hace recordar los años setenta, en donde una publicación Banco Mundial, ponía en el mismo nivel del PIB a nuestro país, con Corea del Sur y Singapur. Cuarenta y cinco años después. Esos países, que siguieron una estrategia de priorizar la educación, la tecnología y crear conjuntamente, con el sector privado, planes y acciones de desarrollo, Actualmente, se consideran ricos, tecnológicamente avanzados y con una ausencia casi nula de pobreza, mientras que nosotros, seguimos estando en ese nivel de casi desarrollados, y lo que es más patético, nuestro gobierno y ese “autollamado motor de la economía”, la iniciativa privada, siguen pretendiendo esconder o tapar con un cabello, su ineficiencia y su incapacidad para realizar las acciones que nos lleven a tener no solamente un crecimiento sostenido, sino también un desarrollo y un progreso para todos.
Para tratar el problema de la pobreza, no basta con señalarla, está a la vista de todos, tenemos que reconocer su existencia, las causas que la siguen produciendo, encontrar las formas con las que podemos afrontarla y seleccionar las acciones pertinentes para combatirla. Una política de Estado. Sin regatear esfuerzos, presupuestos, déficit fiscales, bajo el pretexto del disenso, regatear apoyos argumentando incidencias en la de inflación, de inseguridad financiera, escondiéndose bajo la sombrilla de los requerimientos de la inversión extranjera. Como si se desconociera, que la decisión de invertir se toma, más en función de la tasa de ganancias y de si ésta, es superior a la inseguridad. Pretendiendo, con ello, que eliminar el miedo de muy pocos, los que más tienen, es a costa del bienestar de la gran mayoría, los que menos tienen. Ignorando, con ello, de que a la larga, esa supuesta seguridad terminara desapareciendo.
Actualmente, tenemos ya 55.4 millones de pobres, de los cuales 36.4 viven en zonas urbanas. Pobres, que viven día a día bajo el bombardeo mediático de mejores estilos de vida, bajo la influencia constante de los cambios que se están dando, no solo en nuestro país, también a nivel mundial, y por lo tanto, a ser altamente propensos a sufrir estallidos de violencia de gran intensidad, más impactantes y de mayor repercusión, y lo que es más preocupante, podemos despertar a ese “México Bronco”. Combatir y vencer a la pobreza no es solo una cuestión deseable, es indispensable, es de supervivencia. Posponerla, es simplemente hacernos “Harakiri”.