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Hablemos de población: La variable incomoda, cambio climático o sustentabilidad

Hablemos de población: La variable incomoda, cambio climático o sustentabilidad
Periodismo
Octubre 14, 2015 18:38 hrs.
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SERGIO ENRIQUE CASTRO PEÑA › guerrerohabla.com

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La semana anterior, señalábamos que el incremento sustancial de la población mundial, en lo general, y de nuestro país, en particular, con el consiguiente aceleramiento del consumo ha contribuido a la degradación de los recursos disponibles para su subsistencia. Ello no pudo haberse presentado sin generar un impacto notable en la disponibilidad de la tierra cultivable y el agua para consumo humano, al tiempo que impacta el medio ambiente (aire limpio en niveles aceptables para una vida sana), el clima y por ende a la sustentabilidad.
La preocupación por los efectos y las consecuencias de un crecimiento permanente en todas sus dimensiones de las actividades humanas ha estado siempre presente, pero al igual que a su principal causante, la población, se ha optado por ignorarlos, escondiéndolos en una supuesta preocupación sobre el impacto que tendría sobre la población más pobre sí este crecimiento se detiene, disminuye o no avanza al ritmo deseable. En 1970, tal preocupación encontró cauce en una asociación integrada por empresarios, científicos y políticos, quienes se aglutinaron en el llamado “El Club de Roma”. Este grupo encomendó al Instituto Tecnológico de Massachusetts, MIT por sus siglas en ingles, que realizara un estudio y una prospectiva sobre el comportamiento de la población, sus niveles de consumo y la incidencia que tenían sobre los recursos y el medio ambiente. Los resultados fueron publicados en 1972 en el libro “Los Límites del Crecimiento”.
El punto de partida del estudio, era: “nada puede crecer indefinidamente en un medio finito.” Dado esto, era pertinente encontrar un equilibrio en el uso de recursos limitados para satisfacer las necesidades actuales, sin comprometer los recursos y las posibilidades de subsistencia de las generaciones por venir. En otras palabras, adecuar, no solo en número de personas y su capacidad de consumir, sino también los sistemas de producción y distribución de la riqueza generada ya que no solamente basta con incrementar la producción de alimentos, vestido, educación y todos aquellos bienes que contribuyen a mejorar la calidad de vida y los normalmente identificados como “productos triviales”, los cuales dominan cada vez más nuestras actividades cotidianas y tiempo disponible. Ello no necesariamente es nuevo, la importancia de la contaminación por efecto de la actividad del hombre sobre el medio ambiente y el cambio climático, era ampliamente conocida desde hace mucho tiempo.
Recordemos que, durante la Revolución Industrial, el incremento de la actividad productiva industrial y la contaminación siempre fueron de la mano Así fue como industrialización generó por vez primera este fenómeno que nos ha acompañado e incrementado a lo largo del tiempo. Es la famosa niebla londinense, descrita en muchas novelas inglesas. De igual forma, actualmente, nuestros veranos son más calurosos y los inviernos más fríos. También, esta revolución Industrial dio origen a lo que actualmente conocemos como globalización, el aprovechamiento de los escasos recursos, el comercio, la dominación económica, militar y las migraciones humanas a gran escala, aunados a la problemática que esto implica la cual dejó de ser local para convertirse en mundial.
Apuntábamos en la colaboración anterior que, como resultado de los avances en la ciencia y la tecnología en los campos de la sanidad, la medicina y en la producción de bienes de subsistencia, la población se incrementó cinco veces durante los últimos tres siglos. Pero estos mismos adelantos pusieron en evidencia la existencia de una disparidad y una mala distribución de la riqueza entre los países y los habitantes en general. Los que, el corto plazo, tuvieron acceso a esos beneficios también pudieron disponer de una ventaja competitiva que les permitió crecer y desarrollarse en los campos productivo, económico, militar y científico. Los avances en la ciencia y la tecnología trajeron niveles superiores de bienestar y confort. Asimismo, al generarse avances en el área de la salud, las expectativas de vida se incrementaron sustancialmente. Todo esto proporcionó, aparentemente, soluciones a los problemas en cuestión. Sin embargo, estas mismas soluciones llevaban dentro de sí problemáticas y desafíos de otra índole.
Apareció, el reto de crear políticas de protección del medio ambiente que eviten o aminoren los inevitables cambios que, al igual que lo ha hecho a lo largo de la historia, genera la presencia del ser humano en el sitio en donde se asiente. Ello implica lograr un desarrollo sustentable que permita armonizar el crecimiento económico, condición necesaria e inevitable para el avance de la humanidad, con la preservación de los recursos naturales y la amortiguación del impacto sobre el medio ambiente.
En este contexto, no podemos dejar de señalar uno de los efectos nocivos, cada vez más patente, originados por nuestros patrones de consumo. Este es el que se deriva de las emisiones de gases, como el bióxido de carbono, que producen el “efecto invernadero”, al dañar la capa de ozono, que nos protege de los rayos ultravioletas provenientes del sol. Y que ha generado el agujero producido en el casquete de la Atlántida. Al pasar los rayos ultravioletas, se producen efectos graves para los humanos, las plantas y animales. De igual forma, al tener contacto con las plantas por medio de los fungicidas, contaminan el aire y el agua.
La temática de la importancia del agua para la subsistencia de la vida, está fuera de cualquier discusión ya que la condición necesaria y suficiente para que un lugar sea propicio para que en él se desarrolle la vida, es la presencia de agua. Sin agua, no hay vida. Así mismo, también nos enfrentamos a un problema, nada novedoso, la lucha, en ocasiones muy violenta, por el uso y propiedad de este líquido. De ahí, la importancia de conocer la disponibilidad de este importante líquido, no solo en el presente, sino también en un futuro cercano. Para eso, permítanos, amable lector, utilizar de nuevo datos numéricos, principalmente los concernientes a nuestro país.
En 1950, la disponibilidad natural media anual per cápita de agua para consumo humano era de 17,742. Para 1970, esta disponibilidad había disminuido a 7,940, casi 10,000 litros promedio anual, 56.4 por ciento menos. Para mostrar, más claramente nuestro argumento consideremos la relación que existe entre el aumento de la población y el decremento de la disponibilidad de agua, lo cual nos da una correlación inversa que no deja margen de discusión. Mientras que la población creció en ese período en un 124 por ciento, la disponibilidad de agua disminuyo en un 44.8 por ciento. De igual forma esta tendencia a la baja se sostuvo y para 2012 dicha disponibilidad bajo a 4,060 litros, esperándose que en 2030 sea de aproximadamente poco más de tres mil litros por persona. Con estos datos, podemos deducir que, de continuar la tendencia antes descrita, se habrán de vivir momentos difíciles en el desarrollo de las actividades fundamentales para la vida como son producir alimentos, eficientar y proteger los recursos naturales, alcanzar niveles de producción industrial optima, bajar los índices de contaminación y generar un medio ambiente adecuado, además, de disminuir las posibilidades de lograr un crecimiento sustentable.
Para poder armonizar el crecimiento con el uso de los recursos naturales, será necesario que la ciencia y la tecnología encuentren formas novedosas y llamativas para remediar los problemas que son derivados de los desechos tóxicos y la basura, producto del desenfrenado consumismo. En igual forma, habrán de afrontarse los retos generados por la contaminación tecnológica, equipos electrónicos con alta obsolescencia programada, un crecimiento con una alta exponencialidad en un periodo muy corto, construidos con materiales, como ciertos plásticos y componentes que contienen plomo o mercurio mismos que, por su lenta biodegradación y alta capacidad de contaminar, dan por resultado la proliferación de los llamados “cementerios tecnológicos.” Sin embargo, a pesar de todos estos nuevos retos que ahora enfrentamos, no podemos dejar de lado que seguimos sin resolver lo planteado cuarenta y cinco años atrás.
La problemática bosquejada por el Club de Roma y el espectro temporal fue, de cien años, y si consideramos, que su prospectiva se realizó en 1970, en la actualidad disponemos de un cortísimo período para actuar, solo 55 años. Ello representa menos de la expectativa promedio de vida del mexicano a inicio del siglo XX. Tenemos que ser verdaderamente consientes del problema, a fin de obligar a nuestra autoridades y otras fuerzas de poder como son los empresarios y la Iglesia Católica para que tomen más en serio la problemática que representa seguir, no solo con los sistemas de producción sino también en la condición más importante para que ese sistema funcione y tenga vida, el actual crecimiento poblacional y la aberrante distribución del ingreso. Debemos de abandonar una actitud pasiva y ser más activos. El tiempo es poco, pero diferirlo solo lo acorta más. Debemos desechar ese sistema de producción en masa y buscar alternativas productivas que involucren directamente a una mayor cantidad de población, esto es, una “producción de las masas”. Se cuenta actualmente con la tecnología para privilegiar los sistemas individualizados en todos los campos del accionar humano, la medicina, la educación, en las comunicaciones, en la producción de bienes de sustentación. Esto, no es fácil, pero como lo apuntábamos anteriormente, esperar será mucho más difícil.
La disputa, real y teórica sobre el crecimiento poblacional y la disponibilidad de los bienes necesarios para la subsistencia, sigue teniendo vigencia, pero, también sus enfoques siguen realizándose, sin valorar adecuadamente a la “variable incómoda”, la población. Como sostuvo, en 1970, el “Club de Roma”, en su versión más pesimista y, por desgracia la más acertada, en su estudio “Los Límites del Crecimiento” de seguir aferrándonos al sistema social, político, económico y productivo prevaleciente, la expectativa de que siga siendo viable, sería en un lapso no mayor a los 100 años. Posponerlo, no es una opción factible y la tendencia de que “los ricos serán más ricos y los pobres tendrán más hijos”, llegara más pronto de lo que pensamos. sergiocastro6@yahoo.com.mx
Añadido: El Premio Nobel en Economía fue otorgado a Angus Deaton, un investigador escocés quien ha enfocado sus estudios sobre “el consumo y la pobreza”. La “variable incómoda”, sigue rondando.




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