Hijo

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El valor de la palabra

| Mario Andrés Campa Landeros | Desde diarioalmomento.com
Hijo

Educación

Noviembre 08, 2015 22:50 hrs.
Educación Estados › México Ciudad de México
Mario Andrés Campa Landeros › diarioalmomento.com

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“La educación se mama”, dicen
los que saben de esas cosas

Mario Andrés Campa Landeros

Lloro, me aflijo cuando recuerdo.
Siempre se nos enseña a dar sin esperar recibir. Riquezas no hay que dejar. Solo palabras. Buenas palabras para los seres queridos. Consejos que van de la mano para los hijos que crecen, aman y olvidan. Voces que resuenan desde los tiempos de los abuelos de los abuelos, los hombres águila y los hombres tigre.
“... Cuando sigas tu camino no vayas viendo a un lado y otro, sino que pondrás atención al frente. No irás dando palmadas, no irás haciendo zigzag. No irás agarrando del cuello a otro. No irás agarrando a otro por la mano. No irás agitando el cuello a un lado y a otro. No irás diciendo bufonadas. No mirarás con detención la cara a otras personas. No pasarás entre las personas ni te irás a colocar delante de ellas a no ser que seas mandado”.
El padre amonesta al hijo:
“Cuidate de las palabras lascivas, de palabras burleras, no son buenas, no rectas, provocan lascivamente a la gente, pueden, sin darse cuenta uno, dañar, ensuciar, provocar a lascivia”.
Y había que adoptar cierta actitud cuando venía la amonestación:
“...Y cuando alguien te estuviera amonestando, no te estarás divirtiendo con alguna otra cosa. No tendrás algo en la mano con que te estés dando gusto. No estarás dando golpecitos con los pies, como quien se distrae. No estarás mordisqueando la manta con la que te cubres, no escupirás, no volverás el rostro para uno y otro lado, no te pararás de repente”.
Y viene el remate:
“... Todas estas cosas te tengo recomendadas, que no hagas; hazlas así y te darás a conocer como un gran bellaco, que no hay para ti ni sentido ni cordura, que de veras tu eres un hombre dejado al vicio, que de veras tendrás por merecimiento tuyo y será tu herencia, la yerba estupefaciente, la yerba embrutecedora, el pulque, el hongo, la mariguana intoxicante: los comerás, los beberás, con ellos te embriagarás, con ellos rodarás, te perderás tú mismo, de modo que ya no tengas sentido de ti mismo, y te arrojarás al fogón encendido, al comal de fuego, al río, al peñascal; caerás en la trampa, en la red de cuerdas; ya no te darás cuenta de cómo vienes a encontrar piedra y palo, la suciedad y la basura; con esto te insolentarás, echándote a la cabeza y molleras ajenas, te harás estúpido y salaz, te embrutecerás salvajemente, te harás compañero del conejo, del venado, te meterás por bosques y llanuras.
Si no oyes, si no recibes la doctrina de tu madre, la doctrina de tu padre, si no quieres acoger lo que se hace tu vida y tu muerte, ¡Basta! ¡Ya sucedió, infeliz de ti! No harás más que caer; estarás en el poder y garras del coyote, del tigre. Nada te valdrá repudiar el pasado, lo que ya se fue atrás. Contigo se ha cumplido, se ha hecho lo debido”.





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