Dominicas de Lerma
Animal© Kristine Paulus
Pero, claro, no Ãbamos a dejar todo asÃ, empantanado, hasta el dÃa siguiente... Asà que, cuando acabó el dÃa, decidà bajar a guardar un poco todo lo que habÃamos dejado. Sin embargo, en cuanto miré por la ventana... ¡descubrà que ya habÃa anochecido del todo!
Fui directa a por los dos elementos necesarios en estas situaciones: una linterna... y compañÃa. ¡Eso de bajar en solitario, entre árboles, agujeros y bichos, para mà son palabras mayores!
Israel y Celia (la chica de la experiencia) se animaron a bajar conmigo. Y, a pocos pasos de la puerta de salida, empezaron a gritar con alegrÃa señalando hacia la oscuridad:
-¡¡Mira, mira!!
En ese momento me volvà y miré hacia donde señalaban. Descubrà una pequeña lucecita en el suelo. ¡Una luciérnaga! ¡Me habÃa pasado totalmente desapercibida! Nos acercamos y pudimos observarla detenidamente. ¡Era realmente preciosa!
Y es que asà es el amor de Cristo. Cada dÃa Él te regala la linterna de su amor para alumbrar tus pasos. Cada mañana Él, con cada respiración, con cada rayo de luz, te dice que te ama con locura, que desea vivir el dÃa a tu lado. Pero, además, como su amor es tan grande, "engalana" tu alrededor con pequeñas luces, pequeños regalos que muestran su cariño. Son tantos puntos de luz... ¡que no llegamos a darnos cuenta de todos! ¡Qué gozada contar con hermanos que nos señalen más de los que vemos en solitario!
Hoy el reto del amor es escuchar. A lo largo del dÃa te cruzarás con muchas personas que hablarán contigo: familia, conocidos, personas acordes a ti, personas con otros puntos de vista... Ahora, en tu oración, ora por cada una de ellas y pÃdele a Cristo poder verlas como Él las ve, verlas bajo la luz del amor. Escucha con atención... ¡y descubrirás que, con ellos, Cristo te regala un montón de puntos de luz que antes no habÃas visto! ¡Feliz dÃa!