Rodolfo Villarreal Ríos

José María Morelos, el padre del TLC

José María Morelos, el padre del TLC
Periodismo
Octubre 03, 2015 23:00 hrs.
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Sí, estamos conscientes de que por el simple encabezado de esta colaboración habrá quien nos descalifique o bien pueda pensar que a este escribidor ya se le “voló la chaveta,” como dirían en el pueblo, bueno, ciudad para los quisquillosos. Sin embargo, mientras revisábamos los desangelados festejos realizados, el 30 de septiembre, en torno al doscientos cincuenta aniversario del natalicio de José María Teclo Morelos Pérez y Pavón, recordamos lo ocurrido cinco años atrás cuando acudimos, como simples espectadores, a un evento realizado en el Consulado de México en Eagle Pass, Texas con motivo de los festejos del bicentenario de la independencia mexicana. De aquí parte nuestro escrito.
Tras de que los expositores presentaran sus versiones sobre la independencia mexicana y los héroes, quien entonces era el cónsul de México en aquella población, Ricardo Santana Velázquez, realizó diversos comentarios enfatizando que, para él, la figura más importante de aquel movimiento era sin duda Morelos. Acto seguido, solicitó la opinión de quienes ahí estábamos. Ante ello, este escribidor, quien dejó hace tiempo el mutismo guardado en el baúl de los trebejos, pidió la palabra. Empezamos a relatar en forma sintética, ahora lo haremos con mayor amplitud, lo que al respecto habíamos encontrado durante el proceso de investigación-elaboración de nuestra disertación doctoral.
Sin duda alguna, de todos los participantes en el movimiento independentista, Morelos era el único que tenía un concepto pleno de lo que debería de ser una nación. Ello pasaba por la independencia de España y de cualquier otra soberanía externa, tal y como lo estableció, el 14 de septiembre de 1813, en Los Sentimientos de la Nación. Aquí no debemos de olvidar que tanto Miguel Hidalgo Costilla y Gallaga, el iniciador, como Agustín Cosme Damián De Iturbide y Arámburu, el consumador oportunista, buscaban que el rey de España, Fernando VII, siguiera ejerciendo la autoridad sobre estas tierras. Morelos tenia bien claro, aun cuando no olvidaba su condición de religioso y daba prevalencia única al catolicismo, lo que era la democracia y la división de poderes. Asimismo, señalaba lo importante que era terminar con el sin fin de impuestos, tributos los llamaba él, al tiempo que proponía simplificar las cosas mediante el establecimiento de una tasa fija del cinco por ciento a la ganancias de cada individuo. A no dudarlo esta fue la primera propuesta de reforma fiscal que se presentó en nuestro país en donde, más de dos siglos después, lo único que se les ocurre a los encargados de ese ramo es clamar, a toro pasado, que ya no se aumenten los impuestos, pero de disminuirlos, hacer el proceso de pago menos complicado o utilizar lo recaudado para apoyar inversiones productivas, mejor ni hablar pues se les puede descuadrar el modelito extractivo. Pero volvamos a Morelos quien, en lo concerniente al trato con otras naciones, poseía un concepto definido de como habrían de darse las relaciones.
Tras de establecer claramente que, por más amigas que fueran, otras naciones no tenían derecho a internarse en la nuestra o introducir sin orden los bienes provenientes de ellas. Para esto, proponía establecer puertos predeterminados para recibir mercancías a las cuales les establecería pagaran una tarifa del orden de diez por ciento. En ese contexto, dado las dificultades que enfrentaban los insurgentes para poder derrotar al enemigo europeo, decidió voltear los ojos hacia el norte en busca de apoyo. Así, desde el Palacio Nacional del Supremo Gobierno mexicano en Puruarán, así dice el texto original, el 14 de julio de 1815, Morelos conjuntamente con José María Linaga y Remigio de Yarza, dirigió una carta al presidente de los Estados Unidos de América del Norte, James Madison.
Tras de mencionar como el pueblo se había lanzado en la búsqueda de extinguir “el yugo afrentoso de la esclavitud; y confiábamos finalmente en la ayuda poderosa de los Estados-Unidos; quienes así como nos habían guiado sabiamente con su e[j]emplo; nos franquearían con generosidad sus auxilios, previos los tratados de amistad y de alianza en q[u]e. presidiese la buena fe, y no se olvidasen los intereses recíprocos de una y otra nación.” Seguramente no faltar por ahí quien busque colocarle el sambenito de pro-yanqui a Morelos. Para nosotros era un visionario que preveía lo que venía, además de estar plenamente consciente de que el futuro de la patria no podía seguir dependiendo de Europa. De esa alianza no habíamos obtenido sino trescientos años de miseria, ignorancia, superchería y esclavismo, aun cuando haya actualmente por ahí algunos que siguen sosteniendo que no hay nada como el europeísmo para salir de nuestros males. Sin embargo, Morelos estaba convencido de lo contrario y partía del hecho de que “nuestro sistema de gobierno habiendo comenzado, como era natural, p[o]r. los más informes rudimentos, se ha ido perfeccionando sucesivamente según q[u]e. lo han permitido las turbulencias de la guerra, y hoy se ve su[j]eto á una constitución [de Apatzingán] [construida] en máximas a todas lu[c]es liberales y acomodada en [c]uanto ha sido posible al genio, costumbres, y hábitos de nuestros pueblos, no menos q[u]e. á las circunstancias de la revolución. Con el transcur[s]o del tiempo recibirá modificaciones y mejoras á medida q[u]e. nos ilustre la experiencia; pero nunca nos desviaremos una sola línea de los principios esenciales q[u]e. constituyen la verdadera libertad civil.” En ese contexto, estimaba fundamental fortalecer los lazos con el país vecino.
Para ello, Morelos establecía que “en esta sazón puntualmente se nos ha presentado la mil veces deseada oportunidad de procurar nuestras relaciones con el gobierno de esas venturosas provincias, [los EUA] y aprovechando los momentos preciosos q[u]e. nos ha traído una serie de in[c]identes encadenados p[o]r. la mano de la providencia, nos apresuramos á realizar nuestras intenciones, con la satisfacción de q[u]e. esta tentación no correrá la suerte q[u]e. otras anteriores, sino q[u]e. conducida felizmente hasta el cabo, llenará nuestros designios, proporcionando el complemento de los planes primitivos de nuestra restauración política. Nos alienta sobre manera pa[ra]. insistir en esta solicitud, la íntima persuasión en q[u]e. siempre hemos vivido de q[u]e. siendo Amigas, y aliadas las Américas del Norte y Mexicana, influirán recíprocamente en los asuntos de su propia felicidad, y se harán invencibles á las agresiones de la codicia, de la ambición y de la tiranía; tanto q[u]e. nos hemos adelantado á creer q[u]e. esta importante liga merecerá de contado la apro[b]acion de los dignos Representantes de la Nación Anglo-Americana y de todos sus ciudadanos tan recomendables p[o]r. su ilustración y p[o]r. sus virtudes sociales.” Y como muestra de su simpatía por los estadounidenses, en 1815, cuando Morelos sintió que la vida de su hijo, Juan Nepomuceno Almonte, estaba en peligro, lo envió a New Orleans a estudiar. Con certeza los críticos de Morelos podrían decir que ello es una muestra de cuan negativo es enviar a los hijos a prepararse en dicho país, pues Almonte resultó un traidor, y lo podrían utilizar como ejemplo para calificar en igual forma a todos aquellos que han [hemos] acudido a establecimientos estadounidenses a estudiar. Sobre esto discrepamos. No podemos negar que varios de quienes han asistido allá regresaron colonizados. Sin embargo, la gran mayoría, entendimos a lo que fuimos y en base a ello pudimos tener un espectro más amplio sobre la clase de país que aspiramos a tener, alejado de mitologías falsas y creencias caducas que impiden entender que vivimos en un mundo interdependiente bajo circunstancias distintas a las que prevalecían hace cuarenta o cincuenta años, algo que para varios en estos días resulta difícil de entender, mientras se debaten entre los extremismos de lo ido-caduco y el entreguismo. Unos y otros no han podido concebir como manejar una relación con ventajas para ambas naciones.
En función de lo anterior, tal vez para ambos sea benéfico repasar las palabras de Morelos cuando apuntaba que “la sinceridad y el espíritu filantrópico q[u]e. caracterizan á ambas naciones: la facilidad y prontitud con q[u]e. pueden comunicarse mutuamente sus auxilios: el bello enlace q[u]e. resultará de dos pueblos, el uno privilegiado p[o]r. la fertilidad y producciones tan ricas como variadas de su suelo, y el otro distinguido p[o]r. su industria, p[o]r. su cultura, y p[o]r. su genio, q[u]e. son los manantiales más fecundos de la riqueza de los Estados, todo conspira a justificar nuestras ideas formando desde ahora la prospectiva más [h]ala[güe]ña , si una y otra republica llegan á unirse p[o]r. medio de tratados de alianza y de comercio, q[u]e. apoyados en la razón y en la justicia, en vengan á ser los vínculos sagrados de nuestra común prosperidad.” Acto seguido, Morelos presentaba a Jose Manuel de Herrera como Ministro Plenipotenciario para negociar el reconocimiento de “la Independencia de la América Mexicana” y se procediera a “en la forma conveniente á las negociaciones y tratados q[u]e. aseguren la Felicidad y la gloria de las dos Américas.” Nada de eso sucedió, Madison no respondió y Morelos acabaría sus días el 22 de diciembre de 1815. No sería sino hasta 1994 cuando ambas naciones firmarían el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLC o NAFTA, según del lado del Bravo en que se encuentre). En lo personal, estimamos que este tratado en su concepción es positivo. Como antiguos habitantes de la frontera norte, crecimos entendiendo como se da la relación entre habitantes de dos naciones totalmente disímbolas. Nada de que al norte estaba el demonio y al sur los santos. Es una relación de intercambio que genera beneficios y costos para ambos. En ese contexto, hemos siempre visto la relación entre ambas naciones. Por ello, cuando encontramos este documento escrito por Morelos no pudimos sino admirar la visión de estadista que poseía. Orgulloso de su patria y consciente de hasta donde era factible permitir la convivencia con el exterior, no dejaba de reconocer que sin la apertura no podría consolidar ni su economía, ni su libertad. El secreto está en cómo se enfrente la relación. Sin embargo, hay quienes actualmente, en todos los sectores, no acaban de entender lo planteado hace dos siglos por Morelos. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1) Como cada año, la “princesita” plagiaria salió a presentarse como la gran cronista, ni siquiera estuvo ahí, de aquel intento de golpe de estado en el cual los estudiantes fueron usados para saciar los apetitos de grupos de poder de varia pinta. RVR
Añadido (2) En los Estados Unidos de América debaten sobre la imposición de más leyes sobre la posesión o no de armas de fuego como si ese fuera el problema. Sin embargo, nadie se atreve a mencionar que la raíz del mismo está en un entorno social en donde el cine, la televisión, el internet y los videojuegos, son utilizados como un medio para hacer una apología de la violencia, el crimen y convertir en héroes a quienes delinquen. Sin olvidar que, por corrección política, evitan llamar por su nombre los actos terroristas que cometen fanáticos religiosos. RVR
Añadido (3) Serán 92 años y aún faltan muchísimos más por venir. Gracias y Felicidades. RVR

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