La caridad de Cristo vence la enfermedad y la muerte


Lecturas del Domingo
Domingo, 28 de junio de 2015

| | Desde guerrerohabla.com
La caridad de Cristo vence la enfermedad y la muerte
Religión
Junio 27, 2015 21:25 hrs.
Religión ›
La Palabra de Dios › guerrerohabla.com

7,244 vistas

Primera lectura
Lectura del libro de la Sabiduría (1,13-15;2,23-24):

Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo; y los de su partido pasarán por ella.

Palabra de Dios
Salmo
Salmo responsorial 29

R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R/.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.

Segunda lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (8,7.9.13-15):

Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad. Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad. Es lo que dice la Escritura: «Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba.»
Palabra de Dios
Te Alabamos Señor

Evangelio
Evangelio según san Marcos (5,21-43), del domingo, 28 de junio de 2015
Lectura del santo Evangelio según san Marcos (5,21-43):

En aquel tiempo Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago.
Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.»
Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda, su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado.
Jesús, notando que, había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio le la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?»
Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: "¿quién me ha tocado?"»
Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo.
Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.»
No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos.
Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.»
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate).»
La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar –tenía doce años–. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor
Te Alabamos Señor

Comentario al Evangelio
Queridos hermanos:
Es curioso este texto de Marcos, nos introduce una historia dentro de otra, para hacernos caer en la cuenta, de que Jesús no sólo es el sanador del cuerpo (la hemorroisa), sino el señor de la vida (la hija de Jairo) y en ambos casos resaltando la fe de los protagonistas. Jesús es el “Dios con nosotros” y como en el Evangelio del domingo pasado, la fe es una llamada a perder el miedo y entrar en la vida.

“Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años”, la situación de esta mujer era desesperada: “muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor”, y no sólo por eso, quizás más gravosa que la enfermedad eran sus consecuencias sociales. Esta mujer estaba enterrada en vida a causa de la impureza, estaba excluida de la comunidad y no podía participar en el culto. No podía tocar a nadie, ya que si lo tocaba lo hacía impuro, por lo tanto tenía que renunciar a toda la cercanía humana, incluidos familiares, amigos y vecinos. Bueno, pues esta mujer tiene la osadía de tocar a Jesús: “acercándose por detrás, le toco el manto”

Jesús apretujado por la gente, pregunta quién lo ha tocado y la mujer: “asustada y temblorosa se echó a sus pies y le confesó todo”. Jesús, a parte de su sensibilidad para darse cuenta que alguien le ha tocado de una manera especial, no tiene miedo de hacerse impuro (No se amontonen con preguntas: sobre el llegar con los pies y las manos manchadas, por tocar o dejarse tocar, por ciertas realidades). Vista su fe, la cura de los males de su cuerpo, su fe sencilla nos sirve como ejemplo, de cómo hay que acercarse a Jesús, con confianza para alcanzar la salud y a la paz: “Vete en paz y con salud”.

El relato interrumpido continúa. El padre de la niña, Jairo, había pedido a Jesús que le imponga las manos y la libre de la enfermedad, pero no tiene prisa para ir a la casa, se para con la hemorroisa, quizás quiera dejar claro su señorío sobre la muerte. “Llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?”. Jesús parece tener un objetivo concreto, desea anticipar el signo de la resurrección. Escoge a Pedro, Santiago y Juan, los mismos que le acompañarán en la transfiguración y en Getsemaní, como testigos cualificados de que la muerte, no tiene la última palabra ante el poder de Dios, que nos llama a la vida.

Llama la atención, que el centro de las dos narraciones es la fe y no los milagros. Para que nos entendamos, la fe obra el milagro y no al revés, por eso le dice al padre: “No temas; basta con que tengas fe”. Cuando llegó y vio el alboroto, dijo: “la niña no está muerta, está dormida, se reían de Él, los echó fuera a todos”. Marcos pone en boca de Jesús una sola palabra: “Levántate” y vuelve a la vida, se levanta, camina, come… No quiere que estemos allí como muertos, con gritos, llantos y estrépitos, nuestra misión es hacer presente el Reino de la vida, por eso los testigos. Para los que se quedan en los milagros y el espectáculo, Jesús insiste en algo imposible: “Insistió en que nadie se enterase”, debía saberlo todo el pueblo. Detrás de la resurrección de la niña, debemos captar otras cosas: que Dios nos llama a vivir de otra manera, a proclamar que estamos por la vida, que podemos estar tan muertos como la niña, si desde la fe y el Evangelio, no somos capaces de crear vida a nuestro alrededor y nos entretenemos en lloros ante la realidad.

La fe es un encuentro, es decir, una forma de vida y de situarse ante la realidad y ante el Evangelio, que agarra a la persona de manera afectiva y efectiva. Por lo tanto no es una conquista nuestra, nos transforma, nos da un corazón nuevo, es un camino, no una meta, se realiza en el mundo, es vivida en la Iglesia. De ahí que la fe, supone dejarse transformar en los pensamientos, sentimientos y afectos por Él, (nos hace excéntricos, estar centrados en Él). Dios está presente en el mundo, en la historia, en la Iglesia, en los acontecimientos de las personas. “En Él vivimos, nos movemos y existimos” decía San Pablo en el famoso Areópago de Atenas. Por lo tanto levántate y ten fe, Dios tiene poder sobre la muerte.

Ver nota completa...

La caridad de Cristo vence la enfermedad y la muerte

Éste sitio web usa cookies con fines publicitarios, si permanece aquí acepta su uso. Puede leer más sobre el uso de cookies en nuestra política de uso de cookies.