Rodolfo Villarreal Ríos
eldiariodetaxco.com
Desde hace tres sexenios, cada vez que dan a conocer las cifras hacen festín. Pareciera como si aquello fuese un logro más de la política gubernamental. Sin embargo, sería mucho más recomendable que guardaran silencio y, con un poco de humildad, reconocieran que esos resultados son una prueba más de su ineficacia e ineficiencia. Esto último no es de su exclusividad ya que, aun cuando digan que ellos no tienen responsabilidad, también la comparten los integrantes del sector de hombres de negocios. A lo que nos referimos es a las cifras que sobre las remesas de divisas que cada mes reportan como recibidas provenientes de mexicanos viviendo-laborando en los Estados Unidos de América. Demos un repaso histórico a como se llegó a todo esto.
Negar que la emigración sea algo inherente al ser humano seria caer en la irracionalidad. Sin embargo, cuando esta se suscita en el número que se ha dado entre los habitantes de este país durante los últimos tiempos, indica que las cosas no van de todo bien a pesar de lo que queramos creer o tratemos de justificar. Remontandonos a la mitad del siglo XIX, los registros indican que tras de la perdida de la mitad del territorio mexicano, resultado de las traiciones del López de entonces y, no lo olvidemos nunca, el colaboracionismo a cambio de monedas de los miembros de la iglesia católica, un total de 75,000 mexicanos viviendo allá optaron por permanecer al otro lado del Bravo. Y como aquí seguimos entre guerras intestinas y tratando de echar fuera al invasor, entre 1850 y 1880, alrededor de 55,000 mexicanos optaron por irse a trabajar en los campos estadounidenses y en la construcción del ferrocarril. El movimiento se daba de manera natural, ningún documento era requerido para irse y entrar, como dirían allá en el pueblo, “al otro lado.” Aquí cabe apuntar, para aquellos que son dados a invocarse como inventores del agua tibia, que en 1871, la Ley Consular Mexicana establecía: la emisión de un documento consular de registro; instruía a las oficinas consulares para que ofrecieran protección y acceso a los servicios que ahí se prestaban a los inmigrantes mexicanos; y ofrecía apoyo a los familiares de los emigrantes para localizarlos en los EUA. Sin embargo, como cada vez era mayor el número de los arribantes, los estadounidenses hubieron de tomar medidas. Entre 1882 y 1917, el Congreso de aquel país emitió diversas disposiciones para impedir la entrada de pordioseros, enfermos y analfabetas. Sí bien el resultado inmediato fue una reducción en el número de paisanos cruzando hacia Texas, entonces destino principal, pronto empezó a surgir un problema. Los granjeros texanos empezaron a enviar personas para que reclutaran mexicanos y los introdujeran subrepticiamente, así nació la inmigración ilegal.
De esta manera entre inmigración legal e ilegal, durante las primeras dos décadas del siglo XX, un número importante de mexicanos cruzaron la frontera para guarecerse en tiempos de revuelta armada o en busca de nuevos horizontes laborales, En este contexto, en 1920, Venustiano Carranza Garza propuso un modelo de contrato laboral que garantizara a los trabajadores mexicanos en los EUA condiciones similares a las establecidas en la Constitución mexicana. Se establecía que nadie iría a trabajar allá sino tenía un contrato firmado por un agente de inmigración. Dicho documento debería de establecer el salario, horario de trabajo y sitio de empleo. Aquello fue poco exitoso. No obstante que en 1922 los gobiernos acordaron no solicitar documentos para cruzar la frontera, la emigración se disparó principalmente por el “boom” económico de la economía estadounidense durante la década de los veintes. Ante ello, en 1924, es creada la “Border Patrol” y se publicó la ley de inmigración la cual establecía visas para cruzar al norte, termina el cruce libre. Para 1930, las personas de origen mexicano viviendo en los EUA eran 1.7 millones (1.4 por ciento del total de la población). Sin embargo, la depresión económica haría que alrededor de un millón de mexicanos fueran deportados o regresaran voluntariamente a México.
Sin embargo, en la década de los cuarenta al estallar la Segunda Guerra Mundial, y la mano de obra masculina escasea en los EUA, los trabajadores mexicanos se convierten en necesarios. Ello da origen al Programa Bracero, el cual con todas sus imperfecciones, ha sido el único que ha logrado en cierta forma paliar la inmigración ilegal. Si colocamos en una gráfica los números de los emigrantes mexicanos a los EUA como porcentaje de la población mexicana entre 1900 y 2008, encontramos que de 1900 a 1930 hay una tendencia creciente; entre 1930 y 1970 aparece una curva en forma de U; y a partir de esta último año hasta 2008 la tendencia es creciente. Para entonces eran 12.6 millones de personas nacidas en México viviendo en aquel país legal e ilegalmente. La crisis de entonces obligó a regresar a muchos y hoy sean alrededor de 11 millones, de los cuales 6.6 millones viven al amparo de la ilegalidad, mientras que el total de personas con origen mexicano allá rebasa los veinte millones. Esto significado para nuestro país una válvula de seguridad, no solamente para aligerar la carga de los demandantes de empleo, sino por lo que, quienes laboran por aquellos lares, remiten a sus familiares viviendo aquí.
Aun cuando la contabilización de remesas da inicio en los 70’s, las cifras no son del todo precisas. Es reportado que entre 1970 y 1980, el monto fue de 4 mil millones de dólares. Entre 1981 y 1990, se estima que la cifra creció a 14, 300 millones. Sin embargo, el primer repunte significativo aparece entre 1991 y 2000 al contabilizarse un total de 43,400 millones de dólares, presentando un crecimiento de 71 por ciento entre 1995 y 2000. Para entonces ya equivalía al 46 por ciento de lo obtenido vía exportaciones petroleras, 64 por ciento de lo captado en divisas a través del turismo y 43 por ciento de la inversión extranjera total. Hasta ahí las cifras de las remesas y su importancia crecían, pero nadie hacia alharaca de dicho “logro.” Sin embargo, al llegar el cambio en reversa todo cambió.
El presidente más iletrado en la historia de nuestro país, Vicente Fox Quesada, festinaba cada vez que se anunciaba un incremento en el monto de las remesas y fue a los EUA a presumirlo como un logro. ¿Porque no actuar de esa manera?, él era un impulsor de la expulsión de mexicanos, de todos los niveles económicos e intelectuales. Durante su sexenio alrededor de tres millones se fueron y, en 2006, alcanzaron un total de 12 millones de mexicanos viviendo en aquel país. Hasta editó un folleto, “Guía del Migrante Mexicano,” en donde se daban tips de como cruzar ilegalmente sin problemas. Entre 2001 y 2006, el monto de remesas fue de 99, 400 millones de dólares (229 por ciento más que el sexenio anterior) equivalentes al 72 por ciento de lo obtenido por ventas externas de petróleo; 162 por ciento de lo obtenido por turismo y 69 por ciento de la inversión extranjera. Tenía razón en sentirse orgulloso, la exportación de mano de obra fue un éxito.
El sucesor en el cargo, Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa continuó la obra “pía,” y apuntaba a que habría de superar a su correligionario, salvo que la crisis estadounidense de 2007-08 vino a entorpecer sus planes y empezó el regreso. A pesar de ello, entre 2007 y 2012, los envíos de dineros fueron de 139,100 millones de dólares (140 por ciento más que en el periodo previo). Ello equivalía al 52 por ciento de las exportaciones petroleras, 227 por ciento de las divisas por turismo y 98 por ciento de la inversión extranjera. Todo acompañado por las cifras de desempleo en el país, siempre menores a las estadounidenses gracias a los magos del INEGI. Eso sí, la alegría por las cifras de captación de remesas nunca se alejó de los funcionarios encargados de los asuntos económicos. Cuando esperábamos que la tendencia se revirtiera con el presidente Enrique Pena Nieto, nada cambió en este renglón.
Entre 2013 y 2014, las remesas llegaron a 45, 500 millones de dólares, equivalentes al 54 por ciento del petróleo vendido al exterior; 147 por ciento de lo contabilizado por turismo y 79 por ciento de la inversión extranjera. Durante el primer semestre de 2015, se han reportado envíos por un total de 12, 089 millones de dólares. En una suma simple, a dólares corrientes, durante los últimos cuarenta y cinco años han sido 343 500 millones de dólares los que se han remitido de allá para acá y eso es lo que finalmente tiene encabritados a varios de aquel lado, mientras que aquí se hace fiesta cada vez que aparecen los reportes y como no, ¿Se imagina usted lector amable en donde andaríamos sin la captación de esos montos y teniendo aquí a todos esos paisanos? vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1): En el “Jurassic World” (Mundo Jurásico), cuando los Velociraptors resultaron incapaces de contener al resultado de los experimentos y la destrucción amenazaba con ser total, no quedó sino abrir la puerta número nueve para que el Tiranosaurio Rex saliera a poner orden y así permitir que, en el futuro, se reconstruya lo que ha dejado en ruinas la falta de pericia. Los clásicos dirían que “cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia.” ¿Será? RVR
Añadido (2): Por más que trataban de explicarle al comentarista barbicano que el presidente de la república no es el único que decide dentro de su partido, se empecinaba en que así era. Ese es el problema de quienes han ingerido el cuento y desconocen cómo se opera en las esferas de poder. Lo peor es que ellos sí tienen foro nacional y no son pocos quienes les compran la engañifa. RVR