Rodolfo Villarreal Ríos
Plata Pura
El fin de semana anterior, los dirigentes del llamado partido de izquierda, apellidado de la Revolución Democrática, anunciaron que para el 2016 habrían de amancebarse con el que en teoría es su opuesto, aquel cuyo apelativo es de Acción Nacional. Aun cuando para algunos cortos de memoria esto les sorprendió, el hecho nada tiene de novedoso. Las historias de concubinato entre los de izquierda y derecha, partidos políticos y personas, tienen una larga historia tanto en nuestro país como en el mundo. Eso sí, como todas las uniones contranatura, el producto obtenido de ellas han sido engendros aberrantes. Nada de positivo ha sido el saldo arrojado, salvo que temporalmente unos y otros extraen en el corto plazo beneficios pecuniarios. Demos un repaso a varios de esos entendimientos
A nivel mundial el amancebamiento más connotado entre la izquierda y la derecha es el que protagonizaron un par de escorias de la humanidad, el carnicero de Georgia, Iósif Vissariónovich Stalin y la bestia austriaca, Adolf Hitler. Como todos sabemos poco les duró la alianza, los dos ambicionaban el poder absoluto y más temprano que tarde el segundo andaba invadiendo los territorios del primero. En donde si mantuvieron la coincidencia fue en ejecutar a todos aquellos que no compartieran sus puntos de vista. Millones de judíos y otros tantos habitantes de las repúblicas soviéticas serian víctimas de este par de bazofias. Antes de concentrarnos en lo acontecido en nuestro país, vayamos a lo que arrojó la unión de una idea brillante de un sacerdote estadounidense de izquierda y la ambición de un senador dipsómano derechista.
Era la noche del 7 de enero de 1950, cuatro personajes se reunieron en el Restaurant Colony de Washington, D.C. Uno era el Director de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad de Georgetown, el padre Jesuita, Edmund A. Walsh. Otro, un abogado prominente, William A. Roberts. Un tercero era el profesor de ciencias políticas en la institución referida, Charles Kraus. Ante ellos, se presentaba el entonces primerizo, junior dirían los estadounidenses, senador por el estado de Wisconsin, Joseph Raymond McCarthy quien dentro de poco tendría que buscar su reelección y no había encontrado un tema que pudiera presentar como bandera de campaña. Tras de discutir alternativas diversas de cómo podían ayudarlo, el padre Walsh tuvo una revelación. La Guerra Fría estaba ya caliente y el enemigo común de los estadounidenses era el comunismo. ¿Quién se iba a resistir sí un senador patriota adoptaba como lema de campaña el anti-comunismo? Para el originario de Wisconsin aquello sonó a música celestial y a duras penas pudo deglutir el bocado antes de dar sonora aprobación, mientras agregaba que el gobierno estaba lleno de admiradores de esa ideología, lo importante era exhibirlos y acabar con ellos. La cena había cumplido su objetivo, la democracia saldría fortalecida gracias a que un político “honesto,” pero sobre todo creyente ferviente se ocuparía de cerrar el paso a los enemigos de la patria. El McCarthismo había nacido, era el engendro del Jesuita, Edmund A. Walsh, el senador McCarthy lo llevaría de la mano. Y así, miles de estadounidenses fueron perseguidos, sus carreras arruinadas y muchas vidas segadas, todo como resultado de la unión de un par de personajes de izquierda y derecha. Pero vayamos a lo acontecido en nuestro país desde principios del Siglo XX hasta nuestros días.
En los albores del siglo anterior, la ambición de la curia católica por volver a los tiempos remotos no descansaba. En ese entorno, laboraban febrilmente un par de personajes quienes aun cuando no necesariamente coincidían del todo en su ideología, tenían un objetivo común, retomar para la iglesia católica el poder absoluto perdido desde los tiempos del estadista Benito Pablo Juárez García. Así, el sacerdote jesuita de origen francés, Bernard Bergoen y el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez armaban el andamiaje que según sus cálculos les permitiría volver a gozar de lo ido. Primero, prepararon el cuento de que les querían quitar su religión y así convencieron a miles de católicos fervientes de que lo mejor era ir a matar a sus semejantes para hacer prevalecer sus muy personales y respetables creencias. Más de cien mil vidas fueron segadas inútilmente, al final terminaron aceptando el Modus Vivendi que en nada cambiaba el estado de cosas. Sin embargo, el andamiaje ideológico, montado por Bergoen, no fue desarmado del todo quedaba ahí para lo que pudiera ofrecerse. Años después, en 1937, lo utilizarían para que la derecha lo volviera a utilizar como moneda de cambio vía la Unión Nacional Sinarquista. Pero veamos como la derecha institucionalizada nace de alguien que no le hacía “asquitos,” como diría en otro sentido aquel gobernador jalisciense panista, a lo que oliera a izquierda.
Vale la pena recordar que el fundador del PAN, Manuel Gómez Morín, a pesar de su ideología derechista no tuvo empacho en actuar como abogado de la embajada soviética en nuestro país entre 1927 y 1928. Y por pura coincidencia, debemos de recordar que el PAN fue fundado en septiembre de 1939, justo cuando la alianza Hitler-Stalin recogía sus frutos primigenios con la conquista de Polonia. Si bien durante la década de los cuarenta y cincuenta el PAN actuó como el estandarte de la derecha mexicana, en los años sesenta, su dirigente Adolfo Christlieb Ibarrola se percató que era necesario dar un nuevo enfoque al oposicionismo panista. En función de ello, seguramente recordó la flexibilidad de su fundador y fue a buscar a su amigo el “obispón” rojo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo. Había que quitarle al partido el tufo a incienso y cambiarlo por el olor a sudor, acercarlo a las masas. Bajo esa línea, se movería, submecatum,” el partido durante los años sesenta hasta el punto de que hubo quien renunció a su militancia a pesar de su acendrado derechismo. Tal fue el caso del franquista y enemigo de los rumbos que tomaban los albicelestes al aliarse con la izquierda, Jesús Guisa y Acevedo. En 1966, este ciudadano establecía que “…Acción Nacional es un equívoco que engaña a la gente. La buena fe de muchos no impide el engaño y aún por esa buena fe es ese engaño más reprobable y nefando. Y hay que darle fin y remate a ese equívoco. Partido sucio, malsano, pútrido, mal oliente, asqueroso, repugnante, lienzo de menstruación, de menstruación del PRI [aquí se equivocó el ciudadano Guisa, debió de haber dicho del PC (Partido Comunista) y hoy seguramente colocaría las letras PRD]. No es otra cosa.” Esos eran extremismos. Con el correr del tiempo, los panistas encontraron como aliarse con la izquierda en lo oscurito sin que muchos se percataran. Así, llegaron al momento culminante cuando panistas-sinarquistas, se aliaron con los miembros de la intelectualidad mexicana en aquel llamado Grupo San Ángel y dieron a luz a su engendro.
Finalmente, se hicieron del poder político institucional en la figura de Vicente Fox Quesada. Pero como era de esperarse los resultados fueron para avergonzarse y hoy aquellos izquierdistas atildados no quieren que ni se les recuerde que formaron parte de aquel grupo que nos regaló tan infausto suceso. Sin embargo, los izquierdistas institucionalizados y los panistas oficialistas han continuado con la práctica de apareamiento para alcanzar posiciones políticas. En los tiempos del calderonato, los albiclestes y los aurinegros iniciaron una relación abierta según ellos todo “por el bien de la democracia.” Los panistas llegaron a la bajeza de convertir la figura presidencial en objeto de pedigüeña política, solicitando que, a cambio de aliarse, los izquierdistas reconocieran al presidente cuestionado. Mientras que el entonces secretario de gobernación, Fernando Gomez Mont calificaba la unión como un fraude electoral, quien entonces era senador perredista, Carlos Navarrete, se regocijaba al decir que el maridaje ponía nerviosos a sus adversarios. Para demostrar que aquello era en serio, se embarcaron en varias alianzas panperredistas y obtuvieron algunas gubernaturas. Solamente para ejemplificar lo que eso produjo, recordemos los casos de Oaxaca y Guerrero. En el primer estado, Gabino Cué Monteagudo exhibió que los muéganos ideológicos son demasiado blandos, valga el contrasentido, y no sirven para gobernar. En el segundo, Ángel Heladio Aguirre desgobernó la entidad hasta el punto que su mayor reconocimiento es su hasta hoy no explicado involucramiento en el asunto de Ayotzinapa y todas las aristas que le cuelgan al mismo. En ambos casos, ni el PRD, ni el PAN han salido a reconocer la responsabilidad que le corresponde. Por el contrario, hoy nuevamente escuchamos que en el 2016 habrán de volver a salir tomados de la mano para derrotar a esos malvados del PRI. Seguramente, los cortos de memoria los seguirán.
Sin embargo, un repaso breve a la historia nos muestra que las uniones de la izquierda y la derecha siempre han fracasado, además de implicar un alto costo económico y social para los pueblos. Si bien el objetivo primordial de ambas tendencias es lograr el poder para ejercerlo de manera absoluta, al final de cuentas no desean compartirlo con nadie más en lo cual se incluye a sus compañeros temporales de viaje. Después de todo, no debemos de olvidar que para los carentes de principios lo único que importa son los denarios. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1): A mitad de la semana falleció uno de nuestros héroes infantiles, el gran filósofo estadounidense, Lawrence Peter Berra. Nada de que desde la infancia nos diéramos a la reflexión y el análisis, nosotros sabíamos de él por ser uno de los tres, los otros dos eran George Herman Ruth y Mickey Charles Mantle, cuyas hazañas soñábamos emular cada vez que jugábamos beisbol en el campo, en el patio de la escuela, en la mitad de la calle o en el callejón. Era Yogi, el cátcher de los Yankees de New York. RVR
Añadido (2) Anda por ahí pregonando la igualdad y la democracia. En su iglesia, a la mujer se le asignan tareas de orden secundario, mientras que en la orden religiosa a la que pertenece, los jesuitas, no son admitidas. De 1540 a la fecha, solamente cinco damas han pertenecido a ella y la última fue Juana de Castilla, conocida como la reina, Juana “La Loca.” En cuanto a la democracia, los millones que profesan dicho credo no son consultados, ni siquiera para seleccionar a un cura de pueblo, ya no digamos en el proceso de elección de los altos dirigentes de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. La congruencia entre el hacer y el decir está ausente, lo que debería de propagar es aquello de “hágase la voluntad de Dios en los…” RVR