Así como Jesús murió y resucitó, de igual manera debemos creer que a los que mueren en Jesús, Dios los llevará con ÉL. Y así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos volverán a la vida (Tesalonicenses 4, 14 1 de Corintios 15, 22).
“Entonces Jesús, dando un fuerte gripo expiró” (Mc 15,37). Los cuatro Evangelios consignan la muerte de Jesús y dan testimonio de su resurrección. Como todos los humanos, Jesucristo pasó por la experiencia de la muerte, pero no quedó bajo su dominio, antes bien derrotó a la muerte. El triunfo de Nuestro Señor, que resurgió glorioso de sepulcro, es preludio y garantía de la plena liberación que los creyentes esperamos, cuando también nuestro cuerpo resurgirá de la muerte y participará de la condición glorioso de sus Salvador. “El transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio” (Flipenses 3, 21).
La muerte es dolorosa por que separa el alma de su habitación y vehículo ordinario que es el cuerpo. Es temible por que hace que la persona interrumpa las operaciones vitales a que está habituada, para enfrentarse a una realidad que le es desconocida. Aunque la fe nos dice que no hay comparación entre la vida temporal y la vida eterna, el alma suspira siempre por el cuerpo que le fue asignado. Logrará su perfección y gozo cabal cuando recuperé sus cuerpo y éste ya en carácter inmortal.
La conmemoración de hoy; Orar por lo difuntos es una de las tradiciones cristianas más antiguas. Es muy explicable que, al día siguiente de celebrar a todos aquellos que han llegado ya a la intimidad con Dios, nos preocupemos por todos nosotros hermanos difuntos, que han muerto con la esperanza de resucitar y con una fe tan solo conocida por Dios.
Sabiduría 3: 1 - 9
En cambio, las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno.
A los ojos de los insensatos pareció que habían muerto; se tuvo por quebranto su salida,
Y su partida de entre nosotros por completa destrucción; pero ellos están en la paz.
Aunque, a juicio de los hombres, hayan sufrido castigos, su esperanza estaba llena de inmortalidad;
Por una corta corrección recibirán largos beneficios. pues Dios los sometió a prueba y los halló dignos de sí;
Como oro en el crisol los probó y como holocausto los aceptó.
El día de su visita resplandecerá, y como chispas en rastrojo correrán.