Juan López
Juan López
Lo sucedido en Iguala se reproduce en Chilapa y en Guadalajara y Tamaulipas y Michoacán. La violencia es una ráfaga que donde hay yesca seca se prende la hoguera, como si las comunidades fueran rociadas con gasolina y un chispazo hiciera lo demás. El peligro está presente y se olfatea en las aldeas campiranas. Carreteras solitarias son un desafío para la seguridad personal. Lo pasado a Luis Walton en Chilapa y lo que le sucedió al candidato priista a la alcaldía de allá, son avisos de alto impacto. Con la delincuencia organizada no se juega y menos con la clase política que no se atreve a investigar ni a documentar el origen del crimen y la violencia. Y es entonces que la rebelión criminal crece en proporción aritmética.
Guerrero es el primer productor de amapola en México. En sus áreas serranas se cultiva la mejor goma para producir narcóticos de alto rendimiento. Los cárteles controlan producción y comercio con dividendos que asombran por sus cuantías. Ellos son los creadores de la oferta, la demanda va por cuenta de millones de adictos que se difuminan en las ciudades, consumidores anónimos, enfermos y cautivos del estimulante que diariamente necesitan.
Si la política fuera en México aquella utopía creada en Atenas, dispuesta a erradicar los males que padece la población, algunos servidores públicos estarían inmersos en encontrar las probables soluciones pacíficas y civiles que requiere el tratamiento de esta Hidra a la que le crecen las cabezas cada vez que le decapitan una. No le pidamos heroísmo a los hombres. Ser heroico es una causa de dimensiones muy grandes. Esperemos sentados a que se derrame la gota del vaso para ponernos a enmendar nuestras omisiones.
Todos los días somos lectores de crónicas malditas: lamentable el oficio del sepulturero, quien a diario entierra cuerpos inertes de jóvenes que asomaban de la adolescencia a su hombría y que son convertidos en cadáver para ahínco de las estadísticas. Morirse es terminar de tajo con planes e ilusiones, con sueños y proyectos de alcance familiar. Crecer, mejorar, convertir en satisfactoria vivencia aquellos impulsos de la fortaleza juvenil. Todos los que inician una aventura lo hacen creídos de que cosecharán lauros y apetencias. Ninguno escoge el azar para pagar con la vida el incumplimiento del deber. Metemos la mano al nido de la víbora en busca de un tesoro no queriendo hallar la mordedura de un áspid venenoso.
La nota roja fue, en algún tiempo, una especie de mancha negra en las ediciones periodísticas. En 1950 hubo muchos rotativos en el mundo que carecían de este escarnio editorial. Fidel Castro Rus explicó alguna vez el motivo por el cual no existía nota roja en El Gramma -único diario en La Habana-, “En Cuba no hacemos héroes de ladrones y asesinos”. El tirano acertó.
Hoy, abatidos por la congoja vemos la reproducción de hombres inmolados, de balaceras que derriban multitudes, de vasallos del mal y lacayos de la muerte, que los rotativos exhiben con el granate de su sangre expuesto a los miles de lectores. El alerta sigue siendo para la clase política: líderes, legisladores, gobernantes, aspirantes, obispos y ministros: exigimos, encuentren la hebra que habrá de resolver esta calamidad, producida por la prohibición de las drogas.
PD: “Si Tienes miedo, ni lo intentes”: Ché Guevara.