Sergio Enrique Castro Peña
Plata Pura
El politólogo, economista, escritor y que fuera asesor del Presidente de Francia, François Mitterrand, Jacques Attali en su libro “La Historia del Tiempo”, realiza un estudio sobre la evolución que ha tenido la medición del tiempo, lo más significativo acerca de la utilización y el control de dicha medición, y por lo tanto, como medio también de regulación de la libertad del hombre. Consecuentemente, a nadie debe sorprender la importancia y el valor que esto puede tener para los hombres de poder. Poseer esa capacidad para determinarles a sus gobernados, que hacer y cuando pueden realizarlo, les permitiría estar en posibilidad de coartar su libertad. Siguiendo el hilo de la historia, este se remota hasta los albores de la humanidad cuando siguiendo los movimientos del sol, la periodicidad de la luna y los cambios del clima. Esta información fue utilizada principalmente para determinar cuando eran las épocas de lluvias o sequias y por lo tanto el tiempo para la siembra. Sin embargo, cabe recordar que este conocimiento era exclusivo de los sacerdotes y gobernantes militares, lo cual implicaba el control de las dos necesidades primordiales del hombre: la comida y la seguridad.
El grado de sofisticación del control del tiempo, evolucionó determinando el ciclo que tenía la rotación de la tierra con el sol, lo que hoy conocemos como año, el cual fue dividido en días y agrupado en meses. La dualidad entre poder militar y religioso desemboco en la repartición y uso del tiempo creándose fechas para conmemorar acontecimientos, tanto militares como religiosos. Esto prevaleció primero, hasta la Revolución Francesa y posteriormente en la revolución industrial, cuando la religión y lo militar perdieron importancia y dejaron de ser correctamente políticos, para iniciarse un proceso donde su preponderancia fue desplazada por intereses políticos, económicos y los de la sociedad en general. Tanto la devoción como el patriotismo, perdieron poco a poco su esencia, dando paso a cuestiones más mundanas, el mercadeo y la obtención de ganancias.
La importancia de predecir el comportamiento del tiempo y el control de las actividades cotidianas y con ello la libertad individual, es la apropiación de la verdad, en ese poder de ser dueños absolutos, ser los amos de la verdad, radica realmente el poder. Así, el que domine la verdad en su exclusividad es el heredero indiscutible de la capacidad de manejar las masas. Durante los últimos dos mil años, esta prerrogativa era acaparada por la fuerza militar y la “fe”, manifestándose un punto de inflexión con la Revolución Francesa con la creación y establecimiento de los derechos fundamentales del hombre: libertad de opinión, de expresión, de manifestación, de igualdad, como un medio de convivencia entre los ciudadanos; y, un estado democrático como forma de vida. Esta revolución política, fue seguida por otra revolución no menos importante, pero surgida en Inglaterra, la revolución industrial. Ambas revoluciones, requieren la existencia de la libertad del individuo: en la primera con el “zón politikón” y el segundo, el “homo economicus”. También, aunada a la aparición del estado democrático, con la libertad política y económica surgió un nuevo contendiente a la posesión del poder de la verdad: los medios de comunicación, con el periodismo escrito, la radio, la televisión y actualmente las “redes sociales”, coloquialmente identificado como “el cuarto poder”.
Sin embargo, recientemente en nuestro país, se han presentado situaciones, en donde ese poder, transmisor de información, noticias y comentarios, se convirtió él mismo, en noticia. El primer incidente, lo ocasionó la periodista Aristegui con su salida del programa que transmitía a través de MVS. La causa fue desavenencias con la línea editorial de la empresa recurriendo a un doble juego; por un lado, reclamaba sus derechos laborales, reconociendo implícitamente su calidad de empleado y por otra parte, le negaba a la empresa sus derechos de empleador, respaldándose en la “libertad de expresión” en su calidad de periodista. El segundo, se desarrolló en un aeropuerto de la Unión Americana, siendo los protagonistas primordiales el técnico de la selección de futbol de México, vinculado con Televisa, quien agredió físicamente a un comentarista deportivo de Televisión Azteca. Posteriormente, trascendió, que el entrenador de la selección y el comentarista tenían diferencias deportivas serias las cuales degeneraron en ataques violentos y amenazas que concluyeron en la utilización de la fuerza física. El resultado, fue la renuncia del entrenador, a raíz de reiterados ataques de la prensa en general, argumentando una agresión a la libertad de opinión y expresión. Posteriormente, el entrenador aludido fue sujeto de una investigación para determinar si había incurrido en delitos electorales por parte de la Procuraduría General de la Republica. Lo anterior fue consecuencia de las opiniones que emitió expresar en mansajes televisivos apoyando al partido político de sus preferencias o conveniencia.
El tercer incidente, es más lamentable, dado que involucra la muerte de cinco personas en la colonia Narvarte de la Ciudad de México, durante una fiesta que duro dos días, y que entre las victimas sobresalía un fotógrafo de prensa. Sin entrar en detalles sobre la publicación de unas fotografías en donde se veía la escena del crimen, el gremio periodista a una sola voz pedía justicia y el esclarecimiento de los hechos, señalando como culpable al gobernador del Estado de Veracruz y demandando seguridad y protección al libre ejercicio de la libertad de expresión. Los resultados preliminares, incluyendo el careo al gobernador, las autoridades dieron a conocer las primeras pesquisas, mismas que en el análisis toxicológico, señalando que las víctimas presentaban el uso de sustancias prohibidas, principalmente cocaína y, se reporto que durante la fiesta tuvieron una visita, supuestamente ligada al tráfico de drogas. Al darse a conocer esta información, algunos periodistas expresaron su rechazo unánime, mismo que fue respaldado por grupos de artistas, escritores y defensores sociales, amén de toda esa fauna que engrosan las marchas en turno.
A los pocos días, se dio origen a un nuevo hechos, este sí en el Estado de Veracruz, en donde un comando del crimen organizado, irrumpió en una discoteca matando a cuatro miembro de una banda contrincante y a un periodista, siendo agredidos dos periodistas de un periódico local que cubrían la fuente judicial. Con respecto al periodista muerto, la televisora Televisa, emitió un comunicado en donde informaba que el periodista asesinado, efectivamente había trabajado como su corresponsal pero que en la actualidad ya no formaba parte del equipo de corresponsales. Por su parte, el periódico local, informó que en lo concerniente a los otros dos periodistas habían sido suspendidos hasta que se esclarecieran los hechos y se determinara su participación o de posibles nexos con el crimen organizado.
Como resultado de la constante y coordinada presión de los medios de comunicación y ese cierre impenetrable de filas para apoyar y sostener su verdad y exclusividad, dio por resultado dos acciones. Primero, al jefe de Gobierno de la Ciudad de México, se vio obligado a ampliar el rango de la investigación, dado que las explicaciones y las pesquisas seguidas por el Procurador del D.F. no satisfizo tanto al gremio periodístico como al “intelectual”. Y, segundo, como expresó José Cárdenas en su programa radiofónico, al referirse a la cantidad de opiniones que estaban llegando por las redes sociales, las llamadas telefónica y manifestaciones públicas exigiendo y apoyando una investigación que liberara de cualquier sospecha al reportero gráfico, se hacia la pregunta “¿Que esperaban las autoridades para proceder como lo pedían las redes?” queriendo señalar que la opinión mayoritaria, independientemente de su anonimato, es la que debe definir lo verdadero, de lo que es y lo que no es. Nosotros creíamos que, después de Galileo Galilei, esa postura de mayoriteo para determinar la verdad había sido superada. Aceptar este tipo de actitudes implicaría que las leyes y reglas establecidas de poco valen si todo se va a supeditar al hecho de complacer a los que gritan más fuerte, aun cuando la verdad no les asista.
Lo anterior es aplicable a toda actividad, incluyendo a la política en donde los procesos electorales, funcionan y operan bajo las llamadas “reglas del juego”, en donde se definen los actores, quienes pueden jugar: los políticos (partidos políticos, asociaciones, sindicatos, el gobierno, en los niveles federal, estatal y municipal), y de igual manera todo ciudadanos en edad de votar. Como deben jugar, tanto en sus desempeños normales, como sus rangos acción y cuáles son los tiempos de esas acciones, con lo cual los actores a su vez son constituidos y creados.
Un sistema electoral no es solamente un acto que cubre el “rito de votar.” Está constituido por reglas de operación que deben estar basadas en los derechos del hombre, libertad de opinión, de expresión y de participación, de igual manera, cubrir a todos los participantes y por lo tanto, establece obligatoriedad para dichos participantes. El permitir la discrecionalidad de uno de los participantes, en este caso los medios de comunicación, dispensándolos de esas normas, máximo si ese participante muestra reiteradamente, escondiéndose en su aura de imparcialidad y su dualidad entre comunicador y analista sus preferencias políticas. No se pretende, con esta argumentación, la eliminación del derecho a la exposición de las opiniones, de su expresión y participación, lo que se debería buscar en como modificar o adecuar las reglas del juego para incluir los derechos mencionados. No es excusando y evadiendo esa discrecionalidad como se debe fortalecer, sino eliminándola e incluyendo una colaboración integral y que garantice una igualdad para todos. La existencia de una discrecionalidad, exonerar a un participante de las reglas del juego, que sea a su vez el dueño de la verdad, no permite hablar de un estado democrático. Tal vez, se trate de uno en transición o simplemente de otra cosa, la dictadura de la “opinocracia” en medios de comunicación y redes sociales, cuyos integrantes se han auto investido en sacrosantos poseedores de la verdad absoluta. Hay de aquel que osé discrepar con ella, se habrá convertido en un candidato indiscutible para ser inmolado en el Santo Tribunal de la Opinión Infalible en el cual operan los amos de la verdad. sergiocastro@yahoo.com.mx
Añadido: se dieron los resultados de la investigación sobre la famosa “Casa Blanca” y como en juicio anunciado todos los actores realizaron el papel esperado. Nuestra política no tiene sorpresas, “solo los que se hacen los sorprendidos”. SECP