LECTURA POLÍTICA

Los excesos del junior Chavarría

Los excesos del junior Chavarría
Periodismo
Octubre 07, 2015 19:31 hrs.
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Noé Mondragón Norato › guerrerohabla.com

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Los Juniors no se han ido. Están más presentes que nunca en la estructura del poder estatal. Y como están acostumbrados a una vida placentera y alejada de las carencias, se creen merecedores por el simple derecho de sangre, a seguir usufructuando beneficios que parecen interminables para ellos. Desde luego, pegándose con fuerza a las nóminas del gobierno estatal. Un caso ha resaltado: el de Osvaldo Chavarría Obeso, hijo del extinto político perredista, Armando Chavarría Barrera. Hay que ubicar cómo maneja su personal y atrofiada concepción del poder.

CHAVARRÍA: LA MISMA ESCUELA.- Si se mira bien, el extinto Armando Chavarría, no ganaría la elección de gobernador de 2011. Podría haberse encaramado como candidato perredista, pero de ahí al triunfo, estaba muy complicado. Como sea, Chavarría inauguró una escuela política que se caracterizó por al menos tres cosas: la presión sistemática, los beneficios ampliados y los acuerdos efímeros, que fácilmente rompía. En ello estribó que se hiciera de tantos y peligrosos enemigos políticos. Y de ahí se abren las lecturas: 1.- Polémico en todo momento, Chavarría hizo lo que pudo con tal empujar como regidor del ayuntamiento de Chilpancingo, a su hijo mayor Osvaldo Chavarría Obeso, en la elección local de 2008. Tras su abrupta y violenta muerte un año después, la familia Chavarría se plegó a la demanda de justicia para permanecer vigente dentro de la rueda del poder local. Y cuando se mencionó el alto número de mujeres con los que Armando Chavarría mantenía presumiblemente, relaciones

sentimentales como una hipotética línea de investigación de su proditorio asesinato, Osvaldo Chavarría adujo que la filtración del expediente amoroso a la prensa era “una acción del gobierno estatal para desviar la investigación”. 2.- Al término de su periodo como regidor y como una forma de atemperar los vaivenes de un crimen político que no se cometió durante su administración, el ex gobernador Ángel Aguirre Rivero, ubicó a Osvaldo Chavarría como Coordinador Estatal del Programa de Escuelas de Tiempo Completo, dependiente de la Subsecretaría de Educación Básica de la SEG. En el epílogo de la administración estatal presidida por Rogelio Ortega Martínez, se descubrió que Chavarría Obeso, otorgó mediante una presumible “licitación fraudulenta”, un contrato por 40 millones de pesos a Rubén Hernández Fuentes; quien en base a lo anterior le habría obsequiado dos camionetas nuevas de lujo y el 25 por ciento del total del contrató, es decir cerca de 10 millones de pesos. El escándalo traspasó los medios de comunicación y llegó hasta las redes sociales, donde la frivolidad y los excesos volvieron a exhibir al junior. Osvaldo asimiló muy bien las lecciones políticas de su extinto padre, en relación al saqueo del erario público. 3.- En su descargo, el hijo del ex presidente de la Comisión de Gobierno del Congreso local, citó a conferencia de prensa en el puerto de Acapulco, para desmentir lo anterior. E incluso, demandó a las autoridades una investigación sobre “quien o quienes lo están difamando”, poniendo en riesgo a su familia. “Lo que se ha dicho atenta contra mi integridad y la de mi familia, porque se ha vertido información de manera muy irresponsable en algunos medios en donde se me señala de ciertas cosas que carecen de fundamento y veracidad, eso es importante que la gente lo conozca”. Lo extraño de esa postura, es que nunca señaló si conocía o no, a Rubén

Hernández Fuentes, y cuál era su relación con dicho personaje. Tampoco mostró documentos verificables sobre la licitación fraudulenta que se le adjudica. Simplemente lo desmintió desde la postura facilona del discurso. Y eso es justamente, lo que más daño le hizo. Como otros juniors priístas, los perredistas también se cuecen en la misma cacerola. Y hasta hoy, no hay manera de frenarlos.

HOJEADAS DE PÁGINAS…Abandonados desde hace varias semanas lucen los campamentos de Cetegistas instalados en la avenida Ruffo Figueroa y Circunvalación de Chilpancingo. Los olores fétidos van desapareciendo, lo cual es señal clara de que están deshabitados. Y mientras, el tráfico vehicular se mantiene desquiciado día con día. ¿Qué espera el gobierno federal y estatal para desalojar un campamento vacío, que afea la ciudad y que tanto estorbo le hace a transeúntes y automovilistas?

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