Noé Mondragón Norato

Los maleficios políticos de los Salgado


Los maleficios políticos de los Salgado
Periodismo
Septiembre 30, 2015 08:06 hrs.
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La política es tan impredecible como traicionera. Las cosas, aunque se anticipen como hechos consumados, cambian en el último minuto. Por circunstancias no previstas. O porque así conviene a quien toma las decisiones. Lo anterior ocurrió a varios personajes que acariciaron la posibilidad de encumbrarse en una determinada posición de poder. Pero del plato a la boca, se cae la sopa, reza un conocido refrán popular. Dos políticos corrieron con esta maléfica situación. Ambos emparentados por fuertes lazos sanguíneos, pero con poca suerte para saltar hacia su siguiente objetivo. En este caso, la alcaldía de Chilpancingo, la capital. Hay que ubicarlos para entender la forma en que se les cayó el escenario optimista que ya habían construido.
SACARLES LA ALCALDÍA DE LA BOLSA.- Los vuelcos en política se dan de manera inesperada. Y así les pasó a dos políticos emparentados por el apellido. Virtualmente, les sacaron de la bolsa la alcaldía. 1.- En 1995, Raúl Salgado Leyva, se desempeñaba como contralor del Estado en la administración presidida por Rubén Figueroa Alcocer. En corrillos políticos ya se le ubicaba como el seguro candidato del PRI a la alcaldía de Chilpancingo. No había nadie en el horizonte que pudiera quitársela, dado que contaba con los apoyos políticos decididos del propio mandatario estatal tricolor. Pero ocurrió un evento que cambió de golpe todo el escenario: la matanza de Aguas Blancas del 28 de junio de ese mismo año. Todo cambió. El propio mandatario estatal tuvo que pedir licencia para ausentarse del gobierno estatal. Y a Raúl Salgado Leyva se le cayó la candidatura priísta a la alcaldía capitalina. El gobernador interino, Ángel Aguirre Rivero, ya había fraguado sus propios planes para esa candidatura. Y dentro de ellos no figuraba por ningún lado, Salgado Leyva. Al final, la candidatura quedó en manos del actual gobernador electo, Héctor Astudillo Flores, personaje al que Aguirre apoyó para llegar primero a la comuna chilpancingueña, y luego a la dirigencia estatal del PRI. A Raúl Salgado le sacaron de la bolsa la alcaldía. Llegó después como diputado local. Pero es evidente que su mejor momento para arribar a esa alcaldía, ya pasó. Las nuevas generaciones lo desplazaron irremediablemente. 2.- En la pasada elección del 7 de junio de 2015 –veinte años después de lo ocurrido a Salgado Leyva-, el ex diputado local y federal, Jorge Salgado Parra –sobrino de Raúl Salgado-, se aferró con uñas y dientes a la posibilidad de convertirse en candidato del PRD a la alcaldía de Chilpancingo. Estaba ensoberbecido, altanero y engreído por anticipado, con el escenario que se le estaba abriendo. Apareció de nuevo la figura de Ángel Aguirre, pero esta vez como benefactor político de Salgado Parra. Su padre, Jorge Salgado Leyva, fungía a su vez, como el poderoso secretario de Finanzas de Aguirre. La ruta estaba por demás, trazada y bien vista. No había competencia electoral fuerte, visible y consistente para él. La alcaldía de la capital era cosa de mero trámite. Salgado Parra llegó al extremo y a la osadía de construir su propio mosaico de poder. Entre sus allegados deslizó la especie en el sentido de que chocaría inevitablemente en la disputa por el Senado de la república, en la elección de julio de 2018, con Ángel Aguirre Herrera, el vástago del ex gobernador. Pero se atravesaron los funestos hechos de Iguala. 43 estudiantes desaparecidos de la Normal Rural de Ayotzinapa, obligaron esta vez a la solicitud de licencia para separarse del gobierno estatal, del propio Ángel Aguirre. Las desgracias colectivas aparecieron de nuevo, como aves de mal agüero de la familia Salgado. Jorge quiso, a pesar de todo, encumbrarse como alcalde. Manoteó con fuerza al interior de las tribus perredistas. Los chuchos de NI, tenían otros planes. Ya habían tendido su ignominioso puente de negociación política con el presidente Peña Nieto. Y la resistencia política no le alcanzó al ex legislador federal. Le apretaron las tuercas muy fuerte desde la Federación priísta. Al final, derrotado y ya sin la soberbia que lo caracterizó, salió del PRD y se sumó al proyecto de Héctor Astudillo, por el gobierno estatal. Como a su tío Raúl, también le sacaron la alcaldía de la bolsa. Porque la política es traicionera e impredecible.

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