Por: Juan López

Marco Antonio Terán Porcayo

Marco Antonio Terán Porcayo
Periodismo
Junio 01, 2015 09:39 hrs.
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Hombre sigiloso, metódico, leal a su profesión, en cuanto a que no se le conocen distracciones frívolas ni aventuras bastardas que nulifiquen su carácter de buen ciudadano y médico probo. Su bata médica, virtual asepsia, es parte de la indumentaria usual de Terán Porcayo, como si deseáramos reafirmar que el hábito transforma al clérigo. Estas son las principales causales de que es muy probable que la Alcaldía de Acapulco estrene pronto un Presidente municipal que separa con mucho empeño la vocación del servidor público, de la clásica estampa del demagogo politiquero que con tan estéril frecuencia en nuestro entorno hemos padecido.
Seco de trato, afable, gentil, con formación universitaria, urbano, entregado a los menesteres de sus obligaciones. Su fama pública es la de un oncólogo -especialidad sobre la enfermedad del cáncer-, caracterizado por su alto rendimiento en la materia. Ha hecho de su seriedad científica una condición contagiosa. Cuando dialoga, sabe de lo que habla. No se irrita por truculencias ordinarias. Carece del vicio de la adulación y es corto en cuanto a presumirnos su trabajo que por sí solo tiene sus méritos personales.
De qué manera concebimos la actuación de Terán Porcayo en las arduas jornadas municipales, despachando con tino asuntos graves, atendiendo con buenos modos las solicitudes de las comunidades. Acapulco no es sólo el paraíso recreativo preferido por millones de turistas, es también el embrollo social: la acumulación de errores, el entresijo entre la belleza y la basura, la ternura y el recelo, la lujuria y el pudor. Somos una sociedad resistente: amalgama de todas las virtudes humanas incluyendo sus vicios. En nuestro litoral se unen los hermanos del odio y los ritos del amor y cuales dos extremos del comportamiento generacional, acopian violencia y peligrosidad de tal calibre que hacen suponer que es muy duro vivir en esta ciudad.
El fantasma de la inseguridad recorre diariamente el territorio de nuestros hogares. La nota roja ya no es un intruso en la información de los rotativos, es incluso motivación para la venta de ejemplares, pues se ha llegado al grado de valorar un cadáver por la cantidad de lectores que pueda producir la impresión de la foto de la víctima en pose de ejecución, acribillamiento o estrangulación: el orden de los factores no modifica el morbo. Ay, Acapulco: lugar de los carrizos…
Este es el municipio que en lontananza Terán Porcayo tiene como objetivo. Gobernarlo es una teoría emocional. Convierte a su jinete en un Cid Campeador que no debe desmontar ni ante la muerte. No se trata de una huida hacia adelante, sino de un sacrificio, de una entrega total, por el bienestar de nuestros hijos y nuestras familias.
Este es el panorama que se aprecia para después del 7 de junio. Las elecciones serán la contundencia que definirá los caminos de la democracia. Marco Antonio Terán Porcayo posee experiencia -algo ineludible y obligatorio-, conocimiento, un médico sabe verle a los ojos a la gente, puede diagnosticar un sufrimiento, palpa la alergia y está enterado de que la salud de un cuerpo social empieza por el orden sanitario de sus recursos, la aplicación adecuada de una dosis y la catarsis de vacunas que impidan la proliferación de epidemias. La medicina es metáfora administrativa para gobiernos enfermos.
PD: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”: Arquímedes.

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Marco Antonio Terán Porcayo

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