Paradojas de la paz


Roger Bartra

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Paradojas de la paz
Periodismo
Agosto 25, 2015 22:34 hrs.
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25-08-2015).-
América Latina tiene fama de ser un continente violento azotado por fuerzas irracionales de todo tipo, sean de origen militar, fruto de la corrupción, desencadenadas por grupos de narcotraficantes o impulsadas por la represión gubernamental contra los adversarios políticos. La desigualdad y la pobreza son un ingrediente que contribuye, se dice, a generar un ambiente general de violencia. Ante esta imagen, llama la atención que Francis Fukuyama, en su Political order and political decay, libro publicado en 2014, dedique un capítulo a reflexionar sobre una realidad latinoamericana que contradice la atroz imagen de un continente devastado por la violencia. La América Latina del siglo XX es una de las regiones más pacíficas del mundo, donde la violencia es escasa y más bien ligada a conflictos internos que a enfrentamientos entre Estados. El número de muertes violentas ocurridas en Europa, Estados Unidos y Asia a consecuencia de las guerras del siglo XX es enormemente más alto que las ocurridas en América Latina.
Si se agregan las cifras de víctimas de las enfermedades y el hambre ocasionadas por las guerras mundiales y las revoluciones ocurridas en Europa y Asia, el resultado es aterrador. Muchas decenas de millones de personas fueron gravemente afectadas por la tremenda violencia desencadenada por los Estados en esas regiones. A su lado, América Latina aparece como un continente pacífico y tranquilo. A Fukuyama le interesa el tema pues quiere explorar el papel de la guerra en el fortalecimiento de los Estados modernos, dotados de sólidas burocracias, poderosos sistemas fiscales y sofisticados sistemas administrativos. Estas cualidades no parecen ser características de los Estados latinoamericanos, que más bien son débiles y se basan en una enorme desigualdad social y con una población en gran parte sumida en la pobreza. ¿Hay una relación entre la escasa frecuencia de guerras interestatales y la fragilidad de los Estados y sus economías?
Es famosa la afirmación de Marx en El capital: "La violencia es, por sí misma, la partera de toda sociedad vieja preñada de otra nueva". Se refería a los procesos de acumulación originaria de capital. Más vinculado al problema político es el muy citado aforismo de Charles Tilly: "la guerra hizo al Estado y el Estado hizo la guerra". ¿La paz en América Latina ha contribuido al subdesarrollo de los Estados? La pregunta es inquietante e incómoda. Fukuyama se niega a lamentar la falta de violencia. La inmensa montaña de muertos en Europa es un precio demasiado alto que no compensa los "beneficios" que obtienen los Estados y que los fortalecen.
El punto de partida de las reflexiones de Fukuyama es un fascinante estudio del sociólogo Miguel Ángel Centeno, de la Universidad de Princeton: Blood and debt: War and the Nation-State in Latin America, de 2002. Centeno cree que es necesario repensar la idea de que las guerras hacen a los Estados. Pero sin duda han acelerado tendencias que tienen su origen en otros procesos, aunque reconoce que los Estados han salido fortalecidos por las confrontaciones armadas, especialmente en el noroeste de Europa. Durante los últimos dos siglos las naciones europeas y norteamericanas, comparadas con América Latina, han tenido cuatro veces más personal en sus ejércitos y han muerto decenas de millones más de personas a una velocidad mucho mayor. Las guerras acaso han contribuido a crear Estados fuertes, pero también han derramado en la sociedad altísimos caudales de infelicidad y un dolor inconmensurable.
La violencia interna que padecen varios países latinoamericanos de ninguna manera contribuye a fortalecer y modernizar las estructuras estatales. Aquí la violencia no es la partera de una sociedad nueva. Por el contrario, corroe y esteriliza las instituciones gubernamentales y lastima a la sociedad civil. Los latinoamericanos no podemos estar satisfechos de nuestras estructuras estatales, pero podemos estar orgullosos de una historia que, comparada con la europea o la oriental, ha contemplado pocas guerras internacionales. Quienes hemos nacido en América Latina de padres que huyeron de las guerras en otras partes del mundo podemos comprender bien las paradojas dramáticas de la historia moderna, atrapada entre la vasta miseria de la población en muchas regiones y la pesada herencia de muchos millones de víctimas que murieron en guerras insensatas.
Posdata. Lamentable resolución de la Secretaría de la Función Pública en el tema de la llamada casa blanca.

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