LECTURA POLÍTICA

Peña Nieto: jugar dos elecciones de gobernador

Peña Nieto: jugar dos elecciones de gobernador
Periodismo
Junio 11, 2015 22:05 hrs.
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Noé Mondragón Norato › guerrerohabla.com

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Para los perredistas, ya ni llorar es bueno. Porque no hay esperanza. Sin embargo, una cosa parece clara: en las dos últimas elecciones de gobernador de Guerrero, intervino la mano del actual presidente del país, Enrique Peña Nieto. En 2011 lo hizo como gobernador del Estado de México, pero ya perfilada su candidatura para la presidencia del país. En la pasada elección del 7 de junio, lo hizo investido ya, con la banda presidencial. Y eso refleja una sola cosa: la exitosa operación política de Peña Nieto. La cual se mide desde luego, de muy diversas y hasta sucias formas. Estas son algunas.
PEÑA: GANAR DOS ELECCIONES.- En política, los simbolismos también juegan su cancha. Y el presidente Peña Nieto, envió estos mensajes con nítida claridad. Basta con ubicarlos: 1.- En la elección de gobernador de enero de 2011, el candidato perredista fue el ex priísta, Ángel Aguirre Rivero. Una ruptura interna en el PRI, lo mandó a encabezar esa candidatura opositora. Sin embargo, había un detalle político de fondo: Aguirre era amigo muy cercano a Peña Nieto, quien en ese entonces despachaba como gobernador mexiquense. En ese sentido, fueron obvias las preferencias políticas del actual presidente, hacia Aguirre Rivero. Y el candidato del PRI, Manuel Añorve Baños, era contrario a los intereses del gobernador mexiquense. Por una razón: Manlio Fabio Beltrones Rivera –el jefe político de Añorve- se perfilaba como uno de los aspirantes tricolores fuertes hacia la disputa por la candidatura presidencial del PRI en la elección federal de julio de 2012. Dejar pasar a Manuel Añorve al gobierno de Guerrero, era el equivalente a fortalecer el proyecto político presidencial de Manlio Fabio. Por eso se entiende en gran medida, la derrota priísta en aquella elección. Peña Nieto prefería tener gobernando un amigo suyo en la oposición, que un adversario interno fortalecido, cerrándole el paso rumbo a la disputa por la presidencia, y encareciendo la negociación política. Así, Aguirre Rivero ganó la elección de 2011 por tres cosas cuando menos: su propio capital político que se agigantó ante un perredismo huérfano de liderazgos y sin posibilidad de ganar esa elección debido al pésimo desempeño de su primer gobernador de la alternancia; el apuntalamiento a su proyecto por parte de la estructura perredista y de la mayoría de las tribus; y por supuesto, los apoyos políticos soterrados de Peña Nieto. 2.- El PRI regresó al poder estatal de la mano otra vez, de Peña Nieto. Se entendió de algún modo. Porque desde la presidencia del país, Peña Nieto abortó el proyecto aguirrista por dejar sucesor en el gobierno estatal. Y lo canjeó por compromisos políticos inconfesables con el actual gobernador electo, Héctor Astudillo Flores. De entrada, le bloqueó el paso al dirigente estatal del PRI, Cuauhtémoc Salgado Romero, que si bien es cierto, compatibiliza con el grupo del ex gobernador Rubén Figueroa, también es un amigo cercano a Peña Nieto y parte íntegra del Grupo Atlacomulco, al que pertenece el propio presidente del país. Como en la sucesión de gobernador en el Estado de México, y en aras de darle estabilidad política y control al PRI y a su grupo de poder, Peña Nieto sacrificó a su pieza política, el ex alcalde de Huixquilucan, Alfredo del Mazo Maza. Y dejó pasar al actual gobernador Eruviel Ávila. En Guerrero aplicó este mismo principio. Con esta maniobra, el PRI no solo regresa al poder estatal, sino que se fortalece rumbo a la elección presidencial de 2018. Porque el presidente del país tendrá justamente, un mayor control político y una interlocución fluida con el gobernador tricolor. Pero el punto que causa prurito, se asocia al esquema de las lealtades: Héctor Astudillo hizo mancuerna política con Manuel Añorve, el pupilo político de Manlio Fabio Beltrones. Es decir, éste último personaje evaluará que Guerrero, es una entidad que jugará de su lado en la sucesión presidencial de 2018. Sin embargo, Peña Nieto podría operar para cambiar esas lealtades políticas a su favor. A menos que Astudillo esté dispuesto a padecer agudas sequías financieras ordenadas desde la federación tricolor. Una eventual ruptura de la dupla Astudillo-Añorve estaría incubándose. Porque en política, las lealtades son efímeras y muy frágiles. Y como se ha visto, Peña Nieto apuesta para ganar. ¿Estará dispuesto a perder Guerrero con Astudillo gobernándolo, para la sucesión presidencial de 2018?
HOJEADAS DE PÁGINAS…El personaje perredista que ya reconoció el triunfo de Héctor Astudillo, es el presidente de la Comisión de Gobierno del Congreso local, Bernardo Ortega Jiménez. Y desde luego, conminó a la candidata a gobernadora, Beatriz Mojica Morga, a reconocerlo. Bernardo cobra así, la propia factura política que la tribu los chuchos de Nueva Izquierda (NI) le endosó, al negarle la candidatura a la diputación federal en el distrito 7, que al final pasó a manos también del PRI. Para que la cuña apriete, debe ser del mismo palo.
dragonato@hotmail.com

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