DiarioDeTaxco-Acapulco
Juan Ramón Negrete Jiménez
Santiago Guadalupe, nació el pasado viernes 19 de junio a las 17:20 horas, en la clínica-hospital número 1 “Dr. Leonel Ramírez García”, del Instituto Mexicano del Seguro Social, aparentemente en excelente estado de salud, al igual que su orgullosa mamá.
Es el segundo integrante de este matrimonio integrado por dos personas, oriundos de Villa de Álvarez, pero avecindados desde hace tiempo en la cabecera municipal de Coquimatlán; Santiago Guadalupe, varón como su hermanito, a pesar de ser un recién nacido abre sus pequeños ojitos, cuando escucha las voces, su piel blanca, contrasta con la de sus padres, que quizá por los quemantes rayos del sol, son de tez una tez morena.
A las 19:30 horas del sábado, esto es 26 horas después de que había llegado al mundo, fue dado de alta, abandonando las instalaciones del seguro Social, las que están por la Avenida San Fernando, en esta ciudad capital, en los brazos de su madre y protegidos por su padre y dos tíos, que fueron a recibirlo.
Todos marchaban contentos, el parto no había tenido complicaciones y aparentemente todo transcurría sin mayores contratiempos.
Partieron hacia Coquimatlán, a donde arribaron pasaditas las nueve de la noche, su padre, Eliseo para “chiquiar” a su madre una vez que los dejó recostados en la cama, se metió a la cocina a prepararle personalmente un espumoso chocolate.
Cuando regresa hasta donde estaba Santiago Guadalupe, quien como todo recién nacido, era más el tiempo que pasaba dormido, y su madre, su papá en da el tarro con el chocolate a quien le dio la vida, mientras su padre, orgulloso, va y lo levanta en brazos.
Cuando le retira la cobija para verle el rostro al recién nacido, y acariciar su piel, su padre se da cuenta que algo no anda bien, Santiago Guadalupe había comenzado a inquietarse, la temperatura corporal aumentaba, su piel entre blanca y rosada, había cambiado a un tono rojizo…
-“¡Vieja!, el niño está ardiendo… tiene mucha calentura…”, dijo su padre.
Su mamá, por el sobresalto, prácticamente escupió el chocolate, que con tanto cariño le había preparado su esposo y haciendo un esfuerzo se traslada lo más rápido que puede hasta donde se encuentra en los brazos de su padre… le toca la frente, el rostro, las manitas, corrobora lo que le había dicho Eliseo.
Ven los piececitos del niño y observan que el color blanco rosado, cambiaba y comenzaban a amoratarse…. Ese fue el signo de alarma para tomar la decisión de regresarse de inmediato a la clínica-hospital del IMSS, de donde apenas, cuatro o cinco horas antes había salido.
Llegaron pasadas las 22:30 o 23:00 horas, directamente al área de urgencias donde fue recibido, ahí pasó la noche, de la fiebre vino la diarrea y con ello llegaron los primeros piquetes de agujas, le practicaron exámenes de sangre, de orina, hicieron cultivos de laboratorio, para determinar el porqué de su padecimiento.
Santiago Guadalupe, no sabe que ocurre, a esa edad, sus padres se angustian… con tantas ilusiones que habían llegado a su hogar y en un momento todo cambió.
Transcurrió el domingo, lunes, martes, miércoles y es hasta el jueves, casi una semana después de que vino a este mundo cuando nuevamente sale al exterior, prácticamente lo único que ha conocido, si se puede decir eso, ha sido el área de pediatría de la institución donde vino al mundo.
DAR GRACIAS AL CREADOR…
Sus papá Eliseo, su mamá, acompañado de una pareja de amigos y su hermano de unos cinco años, salen de la clínica número 1 del seguro Social… su papá aún lleva el cubreboca que le colocaron para evitar que pueda contaminarlo con algo más que la bacteria de la salmonella…
A paso lento suben las primeras cinco o seis gradas, se sientan sobre la bardita de cemento, cobijados bajo la sombra de un arbolito, no sabe que ocurre, pero Santiago Guadalupe, escucha voces, son sus padres y la pareja que los acompaña y que por cierto es la mujer quien lo carga en brazos, quienes están hablando…
Como fieles creyentes, los dos matrimonios están rezando, están dando gracias al Dios, a la “morenita del Tepeyac” (la Virgen de Guadalupe), que le haya regresado la salud a su menor de apenas seis días de nacido…
Esta acción llama la atención de los reporteros, algunos tomas fotografías, ya sea con sus cámaras o con sus celulares, otros, hacen tomas par la televisión, el pequeñito no sabe que ocurre… terminan de decir sus oraciones y Eliseo, su padre, le pide la botella de medio litro de agua que consume su madre, “dáme tantita, está haciendo un chingo de calor”, le dice.
En el cielo una tormenta eléctrica le da la bienvenida, se avisora una tormenta…
Me acerco al matrimonio, les pregunto cuándo nació el pequeñito…
-“El viernes a las 17:20 horas, ¿verdad vieja?”, pregunta a su esposa, queriendo hacerla partícipe del comentario. “Nació el viernes por la tarde, lo dieron de “baja” (de alta) a las siete y media (de la noche) y a las diez y media o las once los trajimos otra vez, hasta ahorita que nos lo vuelven a dar”, afirma Eliseo.
-“De hecho él fue el primero de los once niñitos que se enfermaron, nosotros llegamos antes de la media noche del sábado, los demás llegaron hasta el domingo”, relata Eliseo, quien dice que “ahorita salimos tres niños hombrecitos los tres, pero todavía quedan otros tres, dos niños y una niña, y los que se llevaron a Guadalajara”, relatan.
Le pregunto de donde son, me cuenta que ellos son de Villa de Álvarez, “pero ya vivimos en Coquimatlán”, le pregunto si es su primer hijo, y señalándome al su otro vástago me dice “no, es mi segundo varoncito”.
- ¿Y ya saben cómo se va a llamar?, les pregunto... ahí toma la palabra su madre, “sí se llama Santiago Guadalupe, bueno, así se va a llamar, se lo debemos a la Virgencita, ella nos lo trajo otra vez sanito” dice la señora… los felicito y los dejo reposando y haciendo planes de cómo se van a trasladar a Coquimatlán “porque ya viene el tormentón” escucho a Eliseo que le dice a su esposa y a la pareja que carga a su pequeñito.
Otra vez la sonrisa se ve en su rostro, pero muestran los estragos de la preocupación, de las desveladas, pero ahí está Santiago Guadalupe para alegrarles la vida…