Noé Mondragón Norato

Resonancias de dos bandas criminales

Resonancias de dos bandas criminales
Periodismo
Enero 07, 2016 19:29 hrs.
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Aunque parezca increíble, la ejecución de la alcaldesa de Temixco, Gisela Mota Ocampo, ocurrida hace unos días en el vecino estado de Morelos, tuvo sus impactos aquí. Sobre todo, por la injerencia de dos bandas criminales que ya tienen su historia y su arraigo en Guerrero y que se disputan palmo a palmo territorios y plazas: Los Rojos y los Guerreros Unidos. Un breve recuento de los hechos permite entender algunos puntos álgidos al respecto.
CRIMEN DE LARGO ALCANCE.- Como está muy pegadito a nuestra entidad, el estado de Morelos comparte la operación de grupos delictivos. Y lo que ocurre allá, tiene sus impactos aquí. Se mide así: 1.- Desde antes de ocurrir la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en la fatídica noche del 27 de septiembre de 2014, ya había antecedentes de las confrontaciones armadas entre Los Rojos y Guerreros Unidos. Una en particular, fue muy vista: en el municipio de Iguala, el servicio del transporte público de la ruta Tlacotepec-Iguala, fue suspendido. Se entiende que el primer municipio es bastión de Los Rojos. Y en Iguala era muy obvia la presencia de Guerreros Unidos. Hace apenas unas semanas, dicha ruta de transporte acaba de retomar su rutina. 2.- El dato es coincidente: la alcaldesa de Temixco inmolada era del PRD. Como igual lo fue el de Iguala, José Luis Abarca Velázquez. Y los dos aparecen en otro carril que perturba: ambos tenían presumiblemente, entendimientos con Guerreros Unidos. Con una sola variable: esta vez y a diferencia de lo ocurrido en el municipio de Iguala, donde el ex edil se fortaleció con el apoyo y respaldo de ese grupo delictivo, a la edil de Temixco no la dejaron. Optaron por ejecutarla apenas un día después de que tomara posesión en aquella alcaldía. Y el escándalo se multiplicó. Porque el PRD apareció nuevamente, en el centro de la polémica por los presumibles vínculos de algunos de sus alcaldes, con el crimen organizado. 3.- Como ambos grupos delictivos operan lo mismo en Guerrero que en Morelos, el gobernador de ésta última entidad, el perredista Graco Ramírez Garrido Abreu, quiso también compartir los créditos de ese fétido estado de cosas, con nuestra entidad. Y con el alcalde de Cuernavaca, el irascible y neófito político, Cuauhtémoc Blanco Bravo. Manoteando por todos lados y saturando de información hasta las redes sociales, atribuyó a Federico Figueroa –el hermano del fallecido cantautor guerrerense Joan Sebastian-, nexos con el grupo delictivo Guerreros Unidos. No se quedó ahí. También señaló a Los Rojos que operan en Guerrero –como tratando de recordarle al gobernador priísta Héctor Astudillo Flores, que la responsabilidad de la operación de esas dos bandas criminales es de ambos gobernantes-, como el grupo criminal que asesinó a la alcaldesa Mota Ocampo. 4.- Sin embargo, lo que metió mucho ruido, fue la placa y la credencial del policía ministerial, Francisco Javier Gómez Hernández, que aparecieron en uno de los vehículos en donde huían los agresores de la alcaldesa de Temixco. De acuerdo a información periodística recabada entre las autoridades que investigan el caso, dicho agente fue levantado el pasado 14 de diciembre en Alpuyeca, Morelos. Y el fiscal del Estado, Xavier Olea Peláez, justificó ese evento argumentando que “yo llegué a la dependencia el 11 de diciembre”. Evade con ello, su responsabilidad. Pero lo cierto es que ya había tomado en sus manos, las riendas de la Fiscalía General del Estado. Tan es así, que sabía perfectamente que dicho agente “salió de franco el día 13 por la noche”. También, que estaba adscrito “al sector central de Chilpancingo”. Pero como fiscal no supo explicar qué hacía en Morelos dicho policía. Ese enredo alcanzó a pegarle con fuerza, a la administración estatal presidida por su jefe político, Héctor Astudillo. El crimen de Temixco le llegó a los aparejos al gobierno de Guerrero. Y Graco Ramírez lo politizó.
HOJEADAS DE PÁGINAS…El Fondo de Apoyo a los Periodistas (FAP) está convertido en un verdadero lodazal. Porque muy pocos de quienes lo integran son verdaderos periodistas. Que laboran todos los días en los medios de comunicación. La mayoría son advenedizos que espantan y extorsionan a funcionarios públicos con una cámara fotográfica. Ahí, urge un verdadero golpe de timón. Por la dignificación del propio gremio.

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