ElDiarioDeTaxco
Juan López
Las elecciones en las que concursaron los cargos de gobernador del estado, legisladores federales y locales y los ayuntamientos de Guerrero han sucedido. Fue altamente satisfactorio confirmar que el domingo 7 desde temprana hora se formaron filas de ciudadanos en los sitios donde se instalaron las casillas, que deseaban con su voto designar a las autoridades constitucionales.
Previas al proceso electoral hubo voces y alegatos de renegados que incitaban a la violencia y presagiaban nubarrones de discordia con motivo de la sucesión organizada por la autoridad especializada en la elección. La asistencia pacífica y ordenada de los ciudadanos fue un claro mentís de que los guerrerenses rechazamos cualquiera que sea todo tipo de violencia y estamos tan bien organizados para renovar nuestros cuadros de gobernantes por medio de las formas democráticas que, otra muestra palpable de civilidad y orden, no pudo ser tan certera y sincera como la del pasado domingo.
Somos varios los millones de habitantes quienes conformamos el núcleo humano del Estado de Guerrero. Las minorías insatisfechas, los grupos disolventes, las pandillas ruidosas y revoltosas no tienen en los linderos de la institucionalidad y la legalidad, nunca y ningún chance de perpetuarse. Las mayorías con presencia contundente, con ánimo de participación cívica y con su fuerza social inocultable, han dejado con esta concurrida instalación de urnas, un broche de cincel democrático que vamos a recordar en muchas generaciones.
La violencia no es destino que ambicionemos. Enturbiar el clima civil de la ciudadanía no es un anhelo propicio a nuestro desarrollo. Que lo entiendan todos aquellos que presionaron para desbaratar la asistencia electoral que de todos modos se realizó: que el pueblo está harto de movimientos espurios y razones adulteradas que se sirven de señuelos para convocar al desorden y el desgobierno.
Nada mejor que las urnas y la numerosa asistencia de la sociedad para desdecir a los que le apuestan al infierno, los que convocan al diálogo desde las llamaradas de las barricadas. Quienes desconocen el aprecio-amor que los guerrerenses le tenemos a nuestros hijos, a la familia, a nuestra convivencia en el trabajo y el vecindario. Aquel que lanza la piedra en busca del eco social y en vez recibe el clamor de un pueblo por el orden y la paz. Esos equivocados deben deducir que ha terminado la era de las escaramuzas y viene una temporada de buenos augurios y dividendos. Que en Guerrero hay más gente que trabaja por el bien, que pelafustanes que concitan al mal. Y que por muy oscura que la noche parezca, siempre habrá un amanecer que prodigue la bienaventuranza de los que verán a Dios.
Resta felicitar al gobernador del Estado Rogelio Ortega Martínez. A él corresponden lo méritos de efectuar un proceso electoral sin mayores sobresaltos. Fue el diestro capitán -comodoro-, tras el timón del Galeón que era amenazado por un océano proceloso.
Demos la bienvenida a las autoridades del Estado, emanadas de este fuerte -moral, legal, legítimo-, dispositivo electoral: ha ganado Guerrero y con Guerrero ganamos todos.
PD: “El ave canta aunque la rama cruja…”: Salvador Díaz Mirón.