Rodolfo Villarreal Ríos

Una caminata de remembranzas

Una caminata  de remembranzas
Periodismo
Septiembre 04, 2015 23:05 hrs.
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Hace unos días caminábamos por aquellas calles de nuestro pueblo (bueno, ciudad para que no se vaya a ofender algún quisquilloso) que no son ni reminiscencia de lo que fueron. El sol caía a plomo, el polvo se impregnaba a la piel y combinado con el sudor aquello era incomodo por decir lo menos. Mientras tanto observábamos el entorno y alrededor estaban lo que en otra época fueron, algunos lo siguen siendo, sitios de albergue al viajero. Tratábamos de imaginarnos o recordar lo que aquello había sido, pero no lo lográbamos. Ante ello, nos fuimos a revisar lo que escribiera, en 2010, Don Rafael Villarreal Martínez en su segundo libro: “Piedras Negras, Destino y Origen. Personajes, Sitios y Recuerdos.” Y a continuación, se los trascribiremos de manera resumida con la autorización perene que el autor nos dio para hacerlo.
“Actualmente algunos son edificios que muestran los estragos que el paso del tiempo ha dejado en ellos, otros están en plena efervescencia y en ellos se desempeñan las actividades que en otros antes se realizaba. Sin embargo, cada uno de esos hoteles encierra un sinfín de historias que han sucedido a través de los años. Los de ayer, un día fueron los sitios en donde llegaban a alojarse figuras de la política, el cine, el deporte, así como todo aquel que venía a nuestra ciudad simplemente de visita o a realizar negocios. También fueron alguna vez el centro de reunión diaria de quienes gustaban de ir a su lobby para qué acompañados de una taza de café lo mismo “arreglar” el mundo o bien jugar una partida de domino, o de ajedrez.”
Iniciaremos con el más antiguo de los edificios que una vez albergaron un hotel. Es el “que todos conocemos como el del ferrocarril y que hoy en ruinas algunos luchan por que se le dediquen un poco de recursos para restaurarlo. Ubicado al final de la calle Zaragoza, enfrente de la Guarnición de la Plaza, antes de llegar a la estación de ferrocarriles, este hotel fue construido por la empresa ferrocarrilera a principios del Siglo XX. Hoy pocos recuerdan sus años de gloria cuando al mismo tiempo que ofrecía confortables habitaciones al viajero, contaba con uno de los mejores restaurantes de la ciudad bajo la administración de don Wong Foon Chuck.” Fue ahí, “en 1913, tras de promulgar el Plan de Guadalupe, don Venustiano Carranza estableció temporalmente su centro de operaciones en el Hotel Internacional en donde empezó a diseñar la estrategia en contra de Victoriano Huerta.” Pero ahí no se detiene el recuento.
Otros sitios que forman parte de la historia hotelera de Piedras Negras son los hoteles San Carlos y Coahuila construidos en la década de los treinta. Por la calle de Allende antes de llegar al antiguo Restaurante Moderno, estaba el Hotel San Carlos propiedad de don Alberto Sandoval quien lo operaba bajo la gerencia de don José María Muñoz. En la cafetería de ese hotel, diariamente un grupo de nigropetrenses se reunían para jugar dominó y al mismo tiempo comentar los acontecimientos y tópicos de actualidad. El grupo referido lo integraban, los hermanos Ainsle, Ricardo [bisabuelo del gobernador saliente de Nuevo León, Rodrigo Medina De La Cruz] y Carlos, el coronel Benito Garza, Joaquín Peña, Adalberto Thomae, Trinidad San Miguel, Miguel Múzquiz, Roberto Rodríguez, Francisco de la Fuente y Rafael Villarreal Guerra. Por lo que respecta al Hotel Coahuila, propiedad de Gonzalo Martínez y ubicado en la calle de Zaragoza al norte antes de llegar a la de Guerrero, vivió sus mejores momentos hasta los años cincuenta. Actualmente es un edificio deteriorado y los servicios que presta son muy modestos. Sin embargo, en aquellos años de gloria además de contar con un buen número de clientes, en su lobby era el sitio en donde se reunían un grupo que llegó a considerarse lo integraban los mejores ajedrecistas de la ciudad. Ellos eran, los profesores Andrés F. Lara y Francisco Ramírez con quienes competían Don Cosme Habitud y Agapito Martínez Gallardo.” tras de que don José María Muñoz dejó la administración del Hotel San Carlos, los propietarios del Hotel Piedras Negras lo contrataron para que se hiciera cargo de su administración. Antes de continuar debo de mencionar que este hotel estaba localizado en la esquina de las calles de Zaragoza y Mina, justo en el sitio en donde después se estableció la Mutualista Mixta Benito Juárez y que hoy lo han convertido en un mercado de especias. A principios de los años cuarenta, este hotel era el mejor de la ciudad y el señor Muñoz se encargó de convertir a la cafetería del hotel en el centro de reunión de los nigropetrenses amantes de disfrutar un buen café para “componer el mundo”. Pronto el grupo que era asiduo concurrente al Hotel San Carlos, mencionado párrafos arriba, decidió trasladarse al Piedras Negras. En ese hotel, acostumbraba don Pancho de la Fuente hospedar a los toreros que venían a actuar a Piedras Negras. Ahí fueron huéspedes un par de becerristas llamados Carlos y Manolo Arruza, los originales. Carlos con el tiempo se convirtió en una de las figuras más destacadas de la tauromaquia mundial y después un singular exponente del rejoneo hasta que en un accidente automovilístico perdió la vida allá por la mitad de la década de los sesenta. Manolo, a quien vi torear como novillero, tenía mayores facultades que Carlos. Sin embargo, un día el destino se le atravesó y en medio de una discusión con su otro hermano, de nombre José, este sacó una pistola y lo asesino a tiros. Trágico final para aquel joven a quien recuerdo como el chiquillo que junto Carlos, con tal de que después se los prestaran, aceptaban empujar el carrito que tenía Paco de la Fuente, un “chalao” a quien su padre, Don Pancho, convirtió en matador de toros… Poco a poco el Hotel Piedras Negras fue consolidándose como el preferido de los visitantes a nuestra ciudad. Sin embargo, más pronto de lo pensado sus dueños debieron de enfrentar a un nuevo competidor.”
“Con visión de largo plazo al ver que la ciudad crecía y que la oferta hotelera existente no sería suficiente, en el año de 1942, uno de los hombres de negocios más prominentes de la ciudad, don Santiago Valdés, vino a revolucionar la industria hotelera. Don Santiago puso el financiamiento y le encomendó a Abel Blas Cortina, el popular Chato, la construcción del que aun hasta nuestros días es el edificio más alto de la ciudad, el Hotel Santa Rosa, ubicado en la esquina de las calles Guerrero y Morelos. Un total de 34 nuevas y cómodas habitaciones distribuidas en tres pisos y un patio central, lo convirtieron bajo la administración de Carlos de Luna en el mejor hotel de la ciudad por las próximas tres décadas tras de su construcción. Cuando visitaba Piedras Negras el entonces gobernador de Coahuila y quien fuera un fuerte precandidato para suceder al presidente Miguel Alemán Valdés, el licenciado Raúl López Sánchez arribaba vía ferrocarril y una vez ya hospedado en el Hotel Santa Rosa las calles adyacentes se cerraban como medida de seguridad. Tiempo después, Humberto Flores Garza tomaría similares medidas cuando otro gobernador coahuilense, don Román Cepeda Flores llegaba a ser huésped de este hotel. Un hecho singular se presentaba al momento que un acúñense hombre de negocios en el ramo maderero, don Ramón del Bosque llegaba a solicitar habitación a este hotel. Don Ramón venía acompañado por tres perros finísimos y solicitaba hospedaje también para ellos. Ante esto, se adaptaba un cuarto especial. Asimismo, cuando acudía a comer al Restaurante Moderno, era necesario que les acondicionaran un espacio para que los canes comieran. Como podrán ver, lo que hoy es una moda en la sociedad estadounidense en donde se da un trato preferencial a los perros, hace muchísimos años ya era práctica común de algunos mexicanos excéntricos y adinerados. El Santa Rosa encontró su mayor competencia del otro lado del Bravo, en Eagle Pass, Texas, en donde el Hotel Eagle y su restaurante ofrecían servicios que para algunos eran superiores a los que encontraban en Piedras Negras. Sin embargo, ello no hizo mella en el Santa Rosa que seguía atendiendo huéspedes en cantidades considerables. En los años sesenta, se recuerda como todas las caravanas artísticas, aquellas que traía por todo el país Guillermo Vallejo, llegaron a hospedarse en el Santa Rosa. Asimismo, este era el lugar preferido de los equipos de baseball, ahí estuvieron hospedados los integrantes de los Sultanes de Monterrey cuando, tras coronarse campeones de la Liga Mexicana, en 1962 vinieron a jugar en contra de los Diablos Rojos de la Consolidada, un par de años más tarde ahí llegarían de nuevo, como lo habían hecho quienes jugaban con los Diablos Rojos del México en 1963.”
“En los años cuarenta también abrieron sus puertas a los potenciales huéspedes, los hoteles Modelo y Reforma ubicados por la calle de Zaragoza poco antes de llegar a la de Fuente. Estos hoteles propiedad de Josefa Fernández, a quien todos conocíamos como doña Pepa, ofrecían servicios para una clientela de recursos más limitados. Estos hoteles se convirtieron en la década de los sesenta en los lugares en donde se albergaban los beisbolistas foráneos que venían a formar parte de los equipos Astros de Alfonso de la Cerda y Rojos de AHMSA. Asimismo, por esos años entraron en operación tanto el Hotel Español localizado en la esquina de las calles de Ocampo y Fuente, como el Hotel Santos ubicado en Hidalgo y Matamoros era administrado por José Santos, su esposa Carmelita y el hijo de ambos, Fernando. En los años sesenta, nuevos hoteles se construyeron, Manuel Miranda edificó el Motel Miranda, el cual tras un fulgurante periodo, pronto decayó y con ello la calidad de los servicios que ofrecía. Don Tomas Bruno financió la construcción en la Avenida Carranza del Motel 57, el cual más tarde fue adquirido por Homero Niño Portales. A la par, el antiguo edificio de la Clínica Maternidad Delfina, ubicado en las calles de Padre de las Casa y Terán, desapareció y en su lugar, Elías Sergio Treviño construyó el Autel Río, sitio que ha mantenido un estándar de calidad a lo largo del tiempo. En los setentas, acorde con el crecimiento de la ciudad, el licenciado Manuel García Blengio y su hijo Manuel García Bermea construyeron el Motel La Quinta justo en los antiguos linderos en donde antiguamente terminaba la ciudad, en el sitio en donde anteriormente se ubicara el negocio de ropa propiedad de Gilberto Lawrenece.” Y hasta ahí llegamos. Habíamos recorrido todo aquel entorno, lucíamos como si acabáramos de salir de una sauna. Sin embargo, estimamos que valió la pena volver a caminar por aquellas calles de nostalgia, mientras observábamos lo que queda de lo que un día fueron orgullosos edificios que albergan un sinfín de anécdotas, algunas de las cuales fueron narradas por Don Rafael Villarreal Martínez. vimarisch53@hotmail.com
Añadido: Hubiera deseado dedicarle el artículo para celebrar, este siete de septiembre, su nonagésimo aniversario de vida. Sin embargo, el Gran Arquitecto decidió agendarle la cita con antelación a esa fecha, y acudió a ella puntualmente. RVR

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